Lo mismo ocurre cuando un político en el que se creía tanto resulta compulsivamente egoísta y miente desenfrenadamente
“En el amor como en la política”. Si aquel amor en el que se creía tanto resulta siendo compulsivamente egoísta y miente desenfrenadamente; solo ve sus intereses y manipula con palabras bonitas, obvio que llega el desencanto, ¿verdad? Pero si esto ocurre una y otra vez, obvio que se deja de creer en el amor.
Lo mismo ocurre cuando un político en el que se creía tanto resulta compulsivamente egoísta y miente desenfrenadamente; solo ve sus intereses y manipula con palabras bonitas, obvio que llega el desencanto, ¿verdad? Pero si esto ocurre una y otra vez, obvio que se deja de creer en la política.
Pues los culpables no son el amor ni la política. Los responsables son los tramposos usurpadores. Así que, si se escoge con análisis crítico a aquellas personas sanas, quizá los resultados podrían ser distintos.
Pensamientos simples sin ser ilusos ni optimistas trasnochados:
- La política se cambia desde la política. Aún donde hay revoluciones, personas deben ocupar los cargos. No hay de otra. Mientras se escoja mejor, podríamos mejorar como país. Evitar escoger, resulta inservible.
- Sabiendo que los políticos son “personas”, hay que evaluarlos como tales. Tomarse el tiempo para estudiar sus antecedentes, equipos, proyectos, relaciones y acciones. Jamás apoyar a locos, ególatras, que mucho se delatan en sus mensajes y discursos falsos (gracias a las redes sociales se ponen en evidencia).
- Las ofertas deben ser coherentes y pertinentes con las posibilidades que tiene el país. O sea, usar la lógica y no creer en ofrecimientos ridículos y ajenos.
- No se busca padre ni madre. Hago un alto: se necesitan políticos sólidos, estadistas, enemigos del racismo sistémico, humildes, conocedores del país. O sea, fuera el paternalismo, las promesas de muerte, los reciclajes oscuros, la desinformación, los útiles para seguir con el crimen y la corrupción.
- Alejarse de aquellos con la triada oscura: narcisismo, maquiavelismo y psicopatía (empatía cero). Son malas personas y destruyen hasta imperios.
- Estudiar el pasado. Aunque duela.
- Abogar por un Estado laico. No aceptar el uso y abuso de creencias religiosas desde la política.
Y volviendo al amor…, si su corazón está roto: libérelo, sánelo con agua de río y déjelo volar de nuevo. Siempre hay rutas.
En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclus iva de su autor y no representan la vi s ión de elPeriódico o la de su línea editorial.

Anabella Giracca
En el campo de la lingüística y los derechos humanos con énfasis en pueblos indígenas y niñez. Licenciada en Letras y Filosofía. Autora de cuentos infantiles traducidos a idiomas mayas. Ha publicado Demasiados secretos (Alfaguara, 2009 y Punto de Lectura 2014), Sanjuana (Alfaguara, 2012), El enigma del santuario (Alfaguara juvenil, 2014) y Gitana mía (Alfaguara, 2015).