El rápido corrimiento al rojo (lo que se aleja) del acontecer cotidiano, en una sucesión aparentemente caótica de fenómenos que componen cada realidad, demanda del “opinador de oficio” o mejor dicho (porque nadie me paga ni me financia: lo hago gratiñan) del “opinador de pasatiempo” u “opinador ocioso”, quizá hasta “inoficioso”, una habilidad extrema en determinar los elementos más relevantes de tales fenómenos, y tener una visión capaz de ver casi simultáneamente el corrimiento al azul (lo que se acerca) de las consecuencias de tales fenómenos (en nuestro caso, no en materia astronómica sino política y social). Y como si fuera poco, condicionado por el efímero interés de lo corriente, de lo actual, dada la cada vez más rápida sucesión de hechos.