El poder y el amor

Sin duda, el amor y su invulnerable esplendor, enloquece al hombre y la mujer floreciendo aun en el otoño el canto de la primavera, como un desafío de la ira erótica de la juventud.

Son dos polos que se tocan. La historia está llena de anécdotas desde Cleopatra, hasta  Presidentes como Fracoise Hollande en Francia y Silvio Berlusconi en Italia, – Il Cavaliere- famoso por organizar las fiestas bunga, bunga con bellas modelos en sus tiempos de Primer Ministro, llevándolo al precipicio político. Los antecesores de Hollande no se salvan, también tuvieron su affaire. Resalta Giscard D’estaing, que conduciendo un Ferrari rojo en Paris, acompañado de una bella dama,  colisionó con el camión de un lechero a las cinco de la mañana. El escándalo fue mayúsculo. Por algún motivo misterioso, los lecheros siempre salen bailando en los líos de los enamorados, desde los tiempos de los pensadores griegos hasta el sol de hoy, viendo tranquilos You Tube, sentados en una mecedora de bejuco. La excepción es Rompiche, el lechero de la Antigua Guatemala, al darle guaruras de un expresidente una soberana paliza, sin mayor explicación ni derecho a vivir resentido: murió. La causa aparente, fue estorbar con su bicicleta y los tambos de leche, el paso de la caravana presidencial.

Hollande hizo vida en común con una guapa periodista, hasta que un fotógrafo shute lo sorprendió visitando a su nuevo amor, la famosa artista Julie Gayet, en ese tiempo de cuarenta y un años,  poniendo en jaque la securité. Su expareja sumida en un mar de lágrimas, fue a para al hospital con un soponcio de película. Es claro que la causa no fue un simple polvo, por lo que una ambulancia la trasladó, con la parafernalia del caso al nosocomio. Días después, Hollande compareció ante la prensa  y, más fresco que una lechuga, dijo: L´amour c´est fini, y a otra cosa mariposa. En Francia, se valora la privacidad de los gobernantes, exigiendo respeto. En la sociedad estadounidense por su origen religioso, los puritanos llevan a la hoguera al que se salte las trancas, como Bill Clinton con Mónica Lewinsky, y el general David Petreus por enredarse con una dama, defenestrado con todo y su colección de medallas, ganadas en el campo de batalla. Al final de cuentas, la única que perdió fue la del amor, quedando del itinerario de su aventura solo las cenizas. Y como no hay dos sin tres, hoy, la prensa rosa se da un banquete con el affaire del premio Nobel Vargas Llosa, al romper la relación con la socialité Isabel Preysler, exesposa del cantante Julio Iglesias. Su versión es que fue un enamoramiento de la pichula, arrepentido de ser parte de la colección de la dama, con un exministro de Economía español y un Conde, que no es Meme, el candidato presidencial. Después de tanto zangoloteo, solo falta que se case conmigo, con Moncho o Maco, el marqués de Sanarate…

Berlusconi a sus 87 años todavía colecciona muñecas en orden longitudinal avalado por sus melones. Hollande es un gallo fino que seduce a las mujeres con un encanto escondido que da envidia. Julie fue la cuarta en línea y todo seguirá bien, hasta aparecer la próxima. Porfirio Rubirosa, famoso play boy dominicano, a quien tuve el gusto de conocer, decía que en los misterios del amor no hay quinta mala. Además, lo que pasa en Francia trasciende al mundo, empezando por la revolución y su lema: liberté, égalité, fraternité y ahora infidelité, gracias a Monsieur Hollande y otros famosos, según la docta opinión de periodistas que saben lo que dicen y lo que no dicen. En todo caso, a los franceses les viene del norte, lo que hacen y dejan de hacer los presidentes en su vida privada, siempre y cuando estén al día sus beneficios sociales. A la mayoría, le da lo mismo que se acuesten con su secretaria o su abuela, tolerándolos sin hacer tanta bulla, a veces, con simpatía. Sin duda, el amor y su invulnerable esplendor, enloquece al hombre y la mujer floreciendo aun en el otoño el canto de la primavera, como un desafío de la ira erótica de la juventud, emigrando al olvido disfrazada de dolor por cobardía. Joya. El perfume de la mujer prohibida, no lo tiene otro amor… 







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Amílcar Álvarez

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Author: Maria Suarez