Hay optimismo en el vestuario español porque los tres partidos del Torneo Internacional de España (Argentina, Bahréin y Rumanía) se han solventado con triunfo. Alguno con más sufrimiento pero así es como se engrasa el colectivo. En la nota negativa, esas dudas de Joan Cañellas por una microrrotura fibrilar en la zona abdominal disipadas en la lista definitiva de convocados. Estará el catalán, siempre un valor tanto en la pista como desde el banquillo. Hay optimismo, cómo no haberlo después de una década en la que no hay torneo sin brillo al cuello al final, más todo lo que se conquistó antes (dos veces campeona del mundo, 2005 y 2013; bronce mundial en 2011 y 2021; dos veces campeona de Europa, 2018 y 2020; plata en 1996, 1998, 2006, 2016 y 2022; bronce en 2000 y 2014). Es la potencia que ha convertido la hazaña casi en rutina porque desde fuera solo se ven los pases, los goles, las paradas y los abrazos en corro. La alegría que desprende siempre este grupo que se define más como familia que como equipo. Pero hay trabajo, mucho, a diario, para reinventarse en cada torneo. La fórmula mágica no existe. Es una distinta cada vez, lo que obliga a un esfuerzo titánico individual y colectivo. Lo primero, para los jugadores, dispersos por Europa pero unidos por esa camiseta que defienden con mayor empeño cada vez que se la ponen. Hay ventajas y desventajas en jugar en otras ligas. Son más competitivas que la española, pero no tienen el fundamento de esta, por lo que los jugadores tienen que demostrar ese papel a los que obliga la competición extranjera, pero sin olvidar las raíces que han hecho del balonmano nacional una potencia internacional. Y ponerlo en activo cuando por fin pueden hablar castellano dentro del vestuario. También hay labor ingente en el seleccionador y su equipo. Vídeos y vídeos de partidos de diferentes balonmanos, estar a la vanguardia de lo que se lleva en otros lares, ajustar el producto nacional a lo que pide el hoy y que el plan siga siendo efectivo después de tantos años de éxito. Con cambio de nombres obligado por quienes sienten el cansancio, más que la edad, en las piernas. En este Mundial de Polonia y Suecia (del 11 al 29 de enero) no estará el eterno capitán, Raúl Entrerríos , emblema de este equipo de máxima exigencia. Sí están otros nombres con la mochila cargada de medallas, Pérez de Vargas, Corrales, Cañellas, Maqueda, Ángel Fernández, Solé, Guardiola, Figueras, Dujshebaev… Convocatoria de Jordi Ribera Portería Gonzalo Pérez de Vargas (Barça), Rodrigo Corrales (Telekom Veszprém) Central Agustín Casado (MT Melsungen), Ian Tarrafeta (PAUC Handball) Lateral izquierdo Daniel Dujshebaev (Lomza Industria Kielce), Joan Cañellas (Kadetten Schaffhausen) Lateral derecho Álex Dujshebaev (Lomza Industria Kielce), Jorge Maqueda (HBC Nantes), Imanol Garciandia (OTP Bank – Pick Szeged) Extremo izquierdo Ángel Fernández (Limoges Hand 87), Daniel Fernández (TVB Stuttgart) Extremo derecho Ferran Solé (PSG Handball), Kauldi Odriozola (HBC Nantes) Pivote Gedeón Guardiola (TBV Lemgo), Adriá Figueras (Chartres Métropole), Iñaki Peciña (Chambéry Savoie Handball), Abel Serdio (Orlen Wisla Plock) Especialista defensivo Miguel Sánchez-Migallón (Lomza Industria Kielce) Ya dando consejos a los que tienen menos internacionalidades para que se ajusten al engranaje. Sánchez-Migallón y Garciandia aprendieron bien de Viran Morros y Guardiola en la retaguardia; Casado y Odriozola mostraron efectividad al ataque; Tarrafeta, Serdio, Fernández completan lo que falte en cada momento. «Hemos tenido tres rivales de características diferentes, el equipo ha sido capaz de adaptarse a todas las situaciones, y por ello estoy contento, lo primero porque acumulando carga el nivel ha sido bueno, y lo segundo porque las sensaciones también son buenas», se expresaba Jordi Ribera. «Tenemos un equipo con tantas alternativas que cuando hay algo que no funciona, dispone de opciones para encontrar la solución». Otra vuelta de tuerca para que el éxito transite sin pausa ni bajones. El triunfo más allá de las medallas.