23 de enero, fecha patria archiconocida, propia del pueblo venezolano que celebra, aún hoy y a pesar del régimen, la caída de Marcos Pérez Jiménez, militar dictador, y la reconquista de las libertades públicas. Es, además, una fecha donde se demostró que los intereses de la nación estaban por encima de los personales. El finado Hugo Chávez nunca supo qué hacer con el 23 de enero, porque quiso consagrar el fracaso del 4 de febrero y cuidó de subestimar el más bravío del 27 de noviembre, relegándolo como día de la aviación militar. Además, contradictorio como siempre, lo fue tan descaradamente, que juraba celebrar la fecha al mismo tiempo que halagaba a “mi general” Marcos. Un psicólogo puede dar cuenta perfecta de esas veleidades que revelen un profundo problema de todo aquél que quiere estar bien con Dios y con el diablo.