Los cambios que han ocurrido dentro de los partidos políticos han alcanzado a los candidatos que le representan. Hoy vemos que estos cambios se han agudizado al máximo y han dado origen al fenómeno del candidato en solitario. Este es en sí mismo el partido que ya no existe y, por supuesto, no le sirve de soporte o promoción. La relación antes era a la inversa: se requería de un poderoso y creciente partido, promotor de una ideología, diseñador de estrategias, con un probado modelo estructural y organizativo, es decir, con líderes probados en pensamiento y acción, e impulsadores de un esfuerzo colectivo desde donde surgía el candidato presidencial. Esto sucedió con los partidos modernos, comenzando con la AD de Betancourt y Gallegos y el resto de las organizaciones políticas. Y, aunque COPEI lo creó Caldera para darle base a sus aspiraciones, comprendió posteriormente que se requería de una compleja y amplia entidad conservadora, si quería tener proyección a futuro. De modo que no puede decirse, exactamente, que todos los más de 50 candidatos presidenciales que se asoman para 2023, con o sin primarias, hacen política.