Mira al hombre fuerte que desea la inmortalidad…
Confieso que en los ochenta incursioné en los estudios babilónicos y asirios para entender mejor los primeros pasos y progresos del hombre en los albores de la historia, cuando de pronto se me reveló “La épica de Gilgamesh”, el primer gran poema anónimo de la antigüedad, escrito hace unos cinco mil años, cuya vigencia sigue presente: es un clásico que revela las distintas facetas del corazón humano, sus ansiedades, sus anhelos, sus fracasos y logros, que se resuelven de manera contradictoria en el personaje orgulloso que baja la cabeza y se torna humilde después de perder a su gran amigo Enkidu.Se trata del rey-dios Gilgamesh que reina en Uruk. En el texto aparece el diluvio universal (al igual que en el Antiguo Testamento o en el Popol Vuh). Fue un milagro encontrar la historia en escritura cuneiforme en tablillas de barro cocido bien preservadas a causa y a pesar del incendio de Nínive que las solidificó cuando la ciudad fue atacada y destruida junto a su gran biblioteca de tablillas por sus enemigos hace dos mil cuatrocientos años.
Sigue jovial su contenido pues ha sido puesta en escena y en musicales, en poemas, en ficciones y artes visuales, según se indica al inicio de la nueva traducción de dicha historia por Sophus Helle, pues además del drama humano que implica al rey-dios y a su amigo Enkidu, también hay consideraciones ecológicas, filosóficas… Es la primera gran obra literaria de la historia humana escrita más de un milenio antes que la Ilíada y la Odisea, y sin embargo, desde que fueron descubiertas las tablillas de barro y traducida la historia por George Smith hace 150 años, cada generación aprende y se recrea con ese mundo primigenio, cuya lectura recomiendo, sobre todo a los orgullosos para que se vuelvan humildes y más humanos ante la brevedad de la vida, donde, escribiendo, entendí que hacer el bien es la razón por la cual estamos en este mundo pero hacemos lo contrario.
Bajo esa influencia, comencé a escribir la historia de ficción “Matusalén” que ganó el Premio Monteforte 2000, puesto que en la Biblia solo hay dos párrafos sobre él: que fue hijo de Enoch y que vivió 900 años. El vivió varios siglos antes de que naciera Gilgamesh. Así, retrocedí en el tiempo en esa región semita para imaginar cómo fueron los siglos anteriores a Gilgamesh. Fue Ur la primera ciudad importante de los caldeos (donde nacerá Abraham). Ficcioné que que allí se descubrieron las tabletas de barro cocido con la historia del longevo personaje y fueron transcritas en latín en un papiro encontrado en un ánfora, que el autor solo se conformó con traducirlas al español. Recuerdo que Matusalén al quedarse solo en la vastedad del desierto el primer fantasma que conoció fue la soledad, pues el hombre es un ser gregario que le gusta trabajar en equipo, pero eso se olvida en la familia, la sociedad…
Pero volviendo a la historia, Enkidu es un ser mitad hombre mitad bestia muy fuerte, según la tradición mítica, replicado por los griegos como Hércules, que luego de ser enemigo de Gilgamesh, tras un combate entre los dos, exhaustos en una lucha pareja, se vuelven amigos y se van a la aventura en búsqueda de la inmortalidad. «Oh, Gilgamesh, ¿adónde vas errante? La vida que buscas, nunca la encontrarás”. Encuentran a una deidad protectora de los bosques y lo respetan. Aprenden que no se puede ver el destino al momento en que los dioses deciden que uno de ambos debe morir y Enkidu muere para tristeza del rey que lo ama. Empero, no permite que sea enterrado para que viva por siempre, hasta que le sale un gusano por la nariz al difunto y el drama de la mortalidad invade al rey. Como resultado, se torna humilde pues la muerte se le aparece en su habitación, por doquier. El poema épico Gilgamesh es de trescientas líneas, por eso el Matusalén tenía que ser corto: sus capítulos son reducidos y solo tuvo cien páginas que gustaron a los que les gustan las revelaciones místicas. En alguna forma me sorprendí cuando di en el clavo con algunos nombres luego de leer los Evangelios Apócrifos. Utnapishtim es el Noé bíblico. Todo tiempo pasado es futuro, dijo T.S. Eliot, y se confirma con el gran poema La épica de Gilgamesh. Si Matusalén resucitara este año, ¿qué más le sorprendería del mundo actual?
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Fernando González Davison
FGD, guatemalteco (1948), abogado, con estudios de desarrollo económico en las universidades de París y de Ginebra. Fue profesor invitado de las universidades de Estocolmo, Tulane y Georgetown. Embajador en Japón, Singapur y países sudamericanos. Ganador del Premio Guatemalteco de Novela (1987) y Monteforte Toledo de Novela (2000). Entre sus mejores novelas históricas están Oscura Transparencia, la caída de Árbenz, La montaña infinita y Los peores días, editada por Alfaguara.