Habría que preguntar al Chat Gpt quién de los 30 candidatos es la mejor opción
La revolcada que nos metió la pandemia modificó dramáticamente la forma de percibir el mundo y lo que viene por delante. La tecnología se desató, y la masa está interesada en seguir los inventos que asombran, como la nueva aplicación de inteligencia artificial y las competidoras que enseñan a ganar dinero en el menor tiempo posible, con menor esfuerzo, al dejar en manos de las máquinas el propio poder de pensar, de redactar una nota, de comunicarse. En las redes sociales comparten como se puede escribir una novela en una noche, mientras se la va leyendo escrita por la máquina bajo pedido, tratando de que la magia del estilo aparezca de suyo o sin que haga falta. Se anuncia con ilusión que ahora se puede confiar en el juicio de la máquina que no se nubla por sentimientos, y ya no se tendrá ni qué buscar, sino seguir la explicación escrita o pronunciada por la voz neutral del robot. Las calculadoras simplificaron hace medio siglo el cálculo de una raíz cuadrada o un problema de matrices, vaya, como una nueva herramienta, pero esta novedad se involucra en el pensar, y es correcto, y una vez se entienda su versatilidad seguramente modificará nuestras costumbres. Es un nuevo avance.
El mundo está intenso, y lo que se viraliza ya no son las tragedias o situaciones de los países en desarrollo, sino el debate a favor o en contra de un grupo de niñas reducidas a la postura del perreo en una discoteca de Barcelona, o los dimes y diretes entre una cantante pop y un futbolista, o del dilema de los expulsados de la familia real inglesa. Un sentido global que después del encierro está confundiendo a las nuevas generaciones, cuyos valores saltan a otra dimensión, y se reorienta el rumbo del mundo a escenarios imposibles de predecir.
Como todo es inmediato, sólo apasiona ser conocidos para existir y tener poder económico para disfrutar comodidades por el breve tiempo de vida que nos corresponde, debido a la falta de creencias inculcadas en el más allá, y por eso quizá también está aumentando el deseo de los juegos de azar, mezclado con los estimulantes, para experimentar nuevas sensaciones. Una gran sorpresa ha sido en estos días ver el aparecimiento de máquinas de juegos de azar, los llamados traganíqueles, en las tiendas de barrio. Hay quienes encuentran en perder probando ganar sin hacer nada. La esperanza es la vida fácil, como lo que promete la inteligencia artificial, y así, si no cuesta, entonces ¿cuál es el sentido?
Este año se sucederán las elecciones para elegir nuevos gobernantes, y la población no está interesada. Lo que hay es un montón de ofrecidos, como cuando se hace una fila para regalar pan, lo que no sucede cuando se llama voluntarios para trabajar por los demás. ¿Por qué atrae tanto el poder político? Quizá promete vida fácil. Ojalá la población abra los ojos y elija lejos de las fantasías, de los intereses, a quienes no se quieren servir sino servir a los demás, y en la actualidad nos evitaríamos grandes gastos y problemas si el TSE le preguntara al Chat Gpt, quién de los 30 candidatos es la mejor opción, y que la inteligencia artificial decida por nosotros. Seguramente, sería una novedad.
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Méndez Vides
Escritor, ganador del Premio Latinoamericano de Novela Nueva Nicaragua 1986 y del Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo 1997. Autor de novela, cuentos y ensayos, y observador de la conducta humana.