Los venezolanos somos seres alegres y perspicaces que nos gusta siempre repetir en las conversaciones informales expresiones particulares que causan gracia. Un amigo de la antigua industria petrolera, por cierto PhD, cuando nos reuníamos en grupo o individualmente y se refería a cualquier situación de algún conocido o colectivo recurría al sempiterno latiguillo: ¡Qué bochorno! y uno soltaba la risa por la gracia y hoy lo hago cuando acudo a la memoria del grato recuerdo. Me imagino estar conversando con el ingeniero Oswaldo García y referirle al batiburrillo de hoy, el sainete entre Guaidó y el G4, G3 o G10, si les gusta más, y seguramente con una sonrisa que envuelve algo de tragedia me diría: ¡Qué bochorno!