El pasado 30 de marzo entró en vigor la reforma laboral con una misión clara: poner freno a la desbocada temporalidad en el empleo y fomentar la estabilidad. La idea que inspiró esta norma era lograr un cambio de paradigma que permitiera que la eventualidad en el empleo fuera la excepción y la estabilidad la norma. Y para conseguirlo se actuó por dos vías: se endurecieron los contratos de duración determinada y todas las miradas se pusieron en los fijos discontinuos, una fórmula hasta entonces residual en el mercado de trabajo, que se buscó potenciar con un aumento de los supuestos en los que se podía utilizar. Nadie pensó entonces que el trasvase de temporales a fijos fuera a provocar un tsunami de críticas y que el registro de paro fuera cuestionado y el Gobierno acusado incluso de «maquillar» las estadísticas. ¿Qué está ocurriendo? Al cierre de 2022 había 13,4 millones de trabajadores con contrato indefinido, de los cuales 830.000 eran fijos discontinuos. Esto quiere decir que el pasado 31 de diciembre había 2,3 millones de afiliados con contrato indefinido más que en 2021, de los que unos 450.000 fueron fijos discontinuos y el resto ordinarios, tanto a jornada completa como parcial. En solo un año, el de la reforma laboral, el contrato intermitente se ha multiplicado por dos; se ha convertido en el nuevo contrato temporal. De este crecimiento se deduce que los trabajos que antes eran estacionales lo siguen siendo y que lo único que ha cambiado es que el tipo de contrato que se realiza a los trabajadores con un empleo estacional es ahora estable. Y que en algunos supuestos se trata de fijos discontinuos, que tienen garantizada la vuelta al empleo tras el periodo de inactividad. Todas las alarmas han saltado con la forma en la que se está reflejando en la estadística el tipo de empleo que se está creando, con la forma de contabilizarlo. Los fijos discontinuos no están siempre trabajando , registran periodos de inactividad en los que, en algunos casos, pueden estar cobrando la prestación por desempleo, pero no aparecen reflejados en las listas de paro porque se consideran demandantes de empleo ocupados. Por tanto, mientras tienen actividad contabilizan como afiliados a la Seguridad Social y cuando no la tienen no aparecen como dados de alta, pero tampoco como parados. Es el caso, por ejemplo, de una camarera de piso en un hotel en Baleares o un contratado en un chiringuito de playa. Un escenario que preocupa a los economistas , que llevan meses pidiendo transparencia al Gobierno con los datos. El BCE, el Banco de España y organismos como Fedea y el servicio de estudios del BBVA reclaman al Ejecutivo que detalle cuáles de los empleados con contratos fijos discontinuos no están trabajando, quieren conocer los periodos de actividad y de inactividad y disipar así las dudas que se están generando sobre los datos de paro registrado y de contrataciones. Sin hacerlo no pueden evaluar el impacto de la reforma laboral. El discurso más duro llega cada mes desde el PP, que acusa al Gobierno de «maquillar» las cifras de paro y de inflar los datos de empleo, extremo que niega el Ministerio de Trabajo. El departamento que dirige Yolanda Díaz recuerda que la contabilidad estadística de estos contratos es la misma desde 1985 y que si ahora los fijos discontinuos no aparecen en las listas de paro antes, con el PP, tampoco. La forma de contabilizarlos es idéntica, pero han aumentado considerablemente con la reforma laboral; su relevancia es mucho mayor y esto obliga a clasificar la situación de estos trabajadores para alejar así el fantasma del maquillaje, que pone en duda la fiabilidad de los resultados. El vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, reconoció el pasado mes que no ha cambiado la forma de contabilizarlos, pero reclamó datos más precisos, igual que hizo el director de Economía y Estadística del Banco de España, Ángel Gavilán. «Ahora que ha cambiado la coyuntura y que esos contratos empiezan a ser importantes sería apropiado poder distinguir entre demandantes de empleo y no demandantes de empleo, lo que permitirá limpiar mejor las series que utilizamos en nuestros modelos». Relató que así se disiparía «cualquier ruido en los datos». MÁS INFORMACIÓN Fijos-discontinuos: los 2,3 millones de contratos que el Gobierno no sabe si están activos o no En la misma línea se ha pronunciado el BBVA Research y Fedea, que fue el primer servicio de estudios que avisó sobre la alteración de la estadística, ya advirtió el pasado octubre que habría habido 160.000 parados más de los contabilizados oficialmente si se hubiesen sumado los contratados como fijos discontinuos que están inactivos.