La ley del más rico

Hagamos un simple ejercicio: coloque el nombre de gente influyente de empresas y sector político y fácilmente el lector acucioso puede indagar cómo rápidamente sale la página: “datocapital.com”

De acuerdo a reciente informe publicado por Oxfam Internacional, la pobreza se ha incrementado por primera vez en 25 años y poquísimas familias han sacado inmenso provecho de las más recientes crisis. Resulta ser que el 1 por ciento más rico de la humanidad ha acaparado el 50 por ciento de la nueva riqueza global generada. La recomendación: gravar la riqueza extrema para revertir la alta desigualdad.

La política fiscal y impuestos directos al patrimonio son parte de los instrumentos más importantes: lo primero entonces es no descansar en los impuestos que recaen en el consumo y en los más pobres. Se trata así, por ejemplo de gravar las denominadas rentas de capital no materializadas que se ofrecen como colateral o garantía en los bancos, y que son inversiones físicas en bienes raíces compradas con altos sueldos o dividendos distribuidos, entre otros.

Si no se gravan tales rentas los inversionistas pasan una vida muy feliz y traspasan toda su riqueza a sus herederos sin pagar mayores cargas tributarias. 

Hay que entrarle así al Impuesto Sobre la Renta, y luego al de repartición de dividendos de las empresas corporativas grandes, y al de herencias por supuesto. Recomendaciones incluso provenientes de estudios del Fondo Monetario Internacional bien mencionan que a partir de las nuevas crisis una tasa justa para gravar a las empresas que lucraron gracias a la crisis es aplicar una tasa del 60 por ciento sobre las rentas, reduciendo por supuesto las incontables deducciones que hacen que en diversos países la renta neta para tributar sea ridícula.

El impuesto progresivo sobre rentas personales debe recaer sobre los sueldos y salarios que cada persona percibe y debiera incluir, como ya lo dijimos, los ingresos derivados del cobro de dividendos que en tiempos del Pacto Fiscal se recomendó para Guatemala subirlo al menos del 5 por ciento vigente a un 10 por ciento.

Deben eliminarse también las injustas bonificaciones, desgravaciones y deducciones fiscales a quienes se encuentran en la cima de la pirámide. En países desarrollados actualmente los impuestos a los dividendos tributan a una tasa del 40 por ciento. 

Pensando en Guatemala sobre tales recomendaciones: una buena cantidad de empresas de los sectores del monocultivo, financiero, industrial alimenticio y de servicios digitales son propiedad del 1 por ciento de los hogares; y ello se comienza a revelar cuando se analiza la renta nacional por el lado de la distribución del ingreso. 

Al ir buscando a tales privilegiados imagine usted también lo importante que es la transparencia integral en las adquisiciones y ventas al sector público, y por supuesto las compras del propio sector corporativo.

Todo ello debe ir acompañado de nuevas regulaciones mercantiles por supuesto, como es el caso de ponerle ojo a la abundancia en nuestro medio de empresas de cartón, y las denominadas “Offshore”, autorizadas por diversos bufetes de abogados –de postín y muy oscuros por cierto-, que van buscando los paraísos fiscales que han sido divulgados al gran público como es el caso de los Panama Papers.

Hagamos un simple ejercicio: coloque el nombre de gente influyente de empresas y sector político y fácilmente el lector acucioso puede indagar cómo rápidamente sale la página: “datocapital.com”, y la información del informe ejecutivo de fulanito de tal, con la lista de cargos de responsabilidades y empresas, principalmente en Panamá. Así, mediante una compra en PayPal (servicio de pago digital a través de tarjeta electrónica de pago), usted puede darse cuenta de la debilidad permisiva del actual sistema mercantil guatemalteco, gran amigo de los paraísos fiscales.







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Édgar Balsells

Investigador del Área Socioeconómica del IPNUSAC. Interesado en la acción colectiva

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Author: Maria Suarez