Los aguinaldos electorales olvidan a la España rural

El Gobierno aprovechó el último Consejo de Ministros del año para aprobar una retahíla de medidas para intentar hacer más llevadera la cuesta de la inflación a los sufridos consumidores. Unas medidas que, dadas las próximas citas con las urnas, no pueden evitar desprender cierto tufo electoralista . Rebajas del IVA para algunos alimentos , topes a las subidas de los alquileres, un cheque para ayudar a las familias menos pudientes… y un suma y sigue hasta los 10.000 millones de euros. Es cierto que la elevada inflación se ha traducido en miles de millones de ingresos extra para las arcas públicas, por lo que los gobiernos de turno, tanto el central, como los autonómicos, pueden permitirse adoptar medidas de gasto o rebajas impositivas sin que se desvíen los objetivos de déficit o deuda, pero también es cierto que los gastos de la pandemia dispararon los números rojos de las cuentas públicas y se podían haber aprovechado los ingresos extra para volver a la senda de estabilidad. Porque el principal problema al que nos enfrentamos es que desaparezcan los ingresos extraordinarios mientras el gasto se cronifica. También es verdad que no todas las medidas tienen el mismo impacto para la economía, ni el mismo efecto distorsionador. En este sentido, sin lugar a dudas la medida con más efectos secundarios es el tope a los precios del alquiler . Probablemente el Gobierno, o la parte de Podemos del Gobierno que es quien la ha diseñado, parte de la premisa de que todos los propietarios son unos desalmados que quieren explotar a sus inquilinos, y salvo en casos excepcionales, nada más lejos de la realidad. Muchos de los pisos alquilados en nuestro país son de jubilados que tienen esas rentas como un complemento a su pensión y que, si conocen a los inquilinos y son buenos pagadores, ni siquiera le subirán la renta o la subirán muy poco. Pero esa limitación de precios puede provocar, y lo veremos en los próximos meses, que quienes pongan vivienda en alquiler en estos momentos lo hagan a precios más altos ante el miedo de no poder subirlos luego. De igual modo, deja de ser atractiva la inversión en vivienda para el alquiler, ya que las hipotecas se han disparado y, sin embargo, esa subida no se puede trasladar a los precios, de modo que lo más probable es que se reduzca la oferta y eso, inevitablemente, se traduzca en una subida de precios. De modo que son muy loables las intenciones de proteger a los inquilinos, pero los efectos pueden ser contraproducentes y traducirse en una escasez de viviendas en alquiler y en un incremento de los precios . Y además, este sacrificio que se exige a los propietarios no tiene ninguna contraprestación en forma de agilización de los desahucios o de medidas para desalojar a los okupas. Las políticas públicas no se pueden hacer a costa de las casas de los demás. También sorprende que se hayan excluido de las rebajas fiscales productos como la carne y el pescado, que suponen el mayor coste en la cesta de la compra de la mayoría de las familias, quizás por motivos ideológicos, por ese interés de Podemos en que reduzcamos el consumo de carne. No quedan tan lejos los ataques del ministro de Consumo al sector . En fin, que al final la reducción del IVA de los alimentos queda en unos cinco euros de media al mes , que no compensan, ni mucho menos, la subida de gasolinas y gasóleos en la mayoría de las familias. Y si no, que se lo digan a quienes viven en la España rural, sin tren, ni metro, ni bus subvencionados, y a los que al suprimir la bonificación de los veinte céntimos litro para gasolinas y gasóleos no solo pagarán más caros los desplazamientos, sino también la calefacción.

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Author: Pablo Perez