El 17 de enero de 1961, el entonces presidente de EE.UU., Dwight D. Eisenhower, dio su último discurso a la nación desde la Oficina Oval, tres días antes de dejar la Casa Blanca. Eisenhower advirtió al pueblo americano, y a los amantes de la libertad, sobre los peligros que enfrenta la república. En su discurso, el presidente americano comenzó por recordar el objetivo central de un gobierno libre: “mantener la paz; fomentar el progreso en el logro humano, y mejorar la libertad, la dignidad y la integridad entre las personas y entre las naciones”. Ese objetivo central de un gobierno libre, según Eisenhower, estaba bajo la amenaza constante de una “ideología hostil: con alcance global, atea en carácter, despiadada en propósito e insidiosa en método”. En 1961 esa ideología tenía nombre y apellido, y se trataba del comunismo promovido por la Unión Soviética. Pero más allá de la amenaza externa, Eisenhower advirtió sobre la amenaza interna a una sociedad libre.