¿Será posible que la salida de los maestros a las calles, como consecuencia de su lucha por un salario justo, sea la chispa que incendie la pradera de Venezuela? Ese es el deseo que todos albergamos al acompañar a los docentes en sus justas reivindicaciones, que no son de ahora sino de siempre. Y aunque la pradera está seca sigue creciendo todos los días.