En Venezuela, históricamente, la producción de gas ha estado supeditada a la producción de petróleo, lo cual ha limitado el desarrollo de la industria gasífera venezolana, al no tener volúmenes disponibles en calidad y a tiempo. Para superar este escollo, a partir del año 1995, en los planes de PDVSA se inicia la inclusión del desarrollo del gas no asociado. Lo cual culmina con la Ley de Hidrocarburos Gaseosos (LHG) (1999), su Reglamento (2000), el Otorgamiento de las Licencias de Gas (2000) y la Creación del Campo Gasífero Anaco (2000).