He oído a muchos compatriotas emigrados decir que cuando tratan de explicar la situación venezolana nadie los entiende y es que en Venezuela la política excede toda teoría y toda racionalidad. Para empezar no hay “reglas”, el régimen ha secuestrado todas las instituciones y termina haciendo lo que le da la gana. No hay separación de poderes y la Constitución es usada a conveniencia. Otra locura es la vocación suicida de la llamada oposición, sólo ha aprendido a dividirse y a “cohabitar” con las debidas excepciones conocidas. La oposición perdió todas sus oportunidades de cambio político. Cuando el golpe de estado o vacío de poder en el 2002, cuando la clase media de manera espontánea y pacifica llenaba calles y plazas del país exigiendo el cambio político y la dirigencia no supo representar esa fuerza social de masa. El triunfo electoral cuestionado de Maduro creó indignación y movilización de masas y la dirigencia terminó desmovilizándolas. En 2014 y 2017 la “calle” la asumió una parte de la oposición mientras el resto apostaba a su fracaso y algunos otros sectores empezaron a cohabitar con el régimen. Después vino el interinato con un gran apoyo internacional y se cometió la torpeza, por un lado conspirar sin contar con las fuerzas armada y por el otro asumir la absurda tesis de la “invasión”. Para completar esta breve lista, en estos días de fin y comienzo de año, deciden liquidar el interinato en una pelea absurda que está creando más confusión y división. Es cierto, el interinato es insostenible, pero este no era el modo de ponerle fin. Cuando parte de la oposición asume la negociación en México y firma el primer documento público, quedó claro que por un lado estaba la Plataforma Unitaria Democrática y por el otro el gobierno de Maduro, un reconocimiento de hecho. El resto de la oposición siempre ha reconocido al gobierno y son visitantes asiduos en Miraflores.