No se sabe bien si por despecho a su sucesor o por evitarse líos judiciales en el futuro, Jair Bolsonaro decidió abandonar Brasil dos días antes de la toma de posesión como nuevo mandatario del país de Luiz Inácio Lula da Silva. Así, evitó tener que entregar la banda presidencial a su oponente, a quien no reconoce el triunfo, y escapó de la primera línea en plena escalada de tensión social provocada por su seguidores. Poco después se supo que Bolsonaro se había establecido en Florida, en una residencia propiedad de José Aldo , luchador de artes marciales mixtas y uno de los deportistas brasileños más destacados, con cerca de cuatro millones de seguidores en las redes sociales. Aprovechando su popularidad, Aldo fue uno de los principales promotores de la candidatura de Bolsonaro en las elecciones de 2018, cuando el candidato de la derecha alcanzó el poder. Desde entonces han aparecido juntos en multitud de ocasiones. Ahora, perdida la presidencia, ha ejercido de anfitrión cediéndole su mansión en Kissimmee , una localidad residencial al sur de Orlando, sede también del Walt Disney World Resort, el enorme complejo que alberga cuatro de los parques temáticos del gigante estadounidense de la animación. Bolsonaro permaneció allí hasta que tuvo que ser ingresado en un hospital debido a un dolor abdominal. Aldo, nacido hace 36 años en Manaos, capital del Amazonas, alcanzó fama mundial tras convertirse en campeón del peso pluma en el UFC, el principal evento de artes marciales mixtas del planeta. El título permitió conocer su historia. Una infancia condicionada por un padre alcohólico y agresivo y unas calles donde la violencia adolescente era habitual. También el origen de la enorme cicatriz que le cruza el lado izquierdo de la cara, fruto de un accidente con una barbacoa provocado por sus hermanas cuando apenas era un bebé de un año. En ese escenario aprendió a defenderse de los golpes de los pandilleros. Y no lo hacía mal. Supo convertir la supervivencia en una una vocación de vida. Antes de cumplir la mayoría de edad se marchó con lo puesto a Río de Janeiro para formarse como luchador. Durmió en gimnasios y pasó hambre para poder pagarse las clases de jiu-jitsu, el arte marcial que le sirvió de base para dar el salto después a las MMA. Allí estaba el dinero, en combates en una jaula octogonal en donde casi todo está permitido. Aldo llegó a ser considerado el mejor luchador del mundo ‘libra por libra’ de 2010, un año después de lograr su primer cinturón de campeón. Ganó a los mejores y permaneció invicto durante diez años antes de que llegara su derrota más sonada. En diciembre de 2015 se encerró en la jaula con Conor McGregor y cayó noqueado en solo 13 segundos. Fue una derrota traumática que además nunca tuvo revancha. Aldo volvió a ser campeón después, pero sus victorias ya nunca tuvieron la misma trascendencia. El pasado agosto, tras sufrir su octava derrota en 39 combates, Aldo anunció su retirada definitiva. No dejará el deporte, porque ya prepara su debut en el boxeo profesional, que se producirá en una velada en Brasil el próximo mes de febrero. MÁS INFORMACIÓN noticia No Muere a los 18 años Victoria Lee, joven promesa de las MMA noticia No Detienen a un exluchador de la UFC, acusado de matar a su novia a golpes noticia No El sospechoso debut victorioso del hijo del líder de Chechenia como luchador de MMA noticia No Muere el luchador Stephan Bonnar, leyenda de la UFC, a los 45 años Tras conocerse que Aldo había acogido a Bolsonaro, se ha sabido también que el expresidente cerró el pasado mes de octubre la entrega de 200.000 reales brasileños (unos 35.400 euros) para la ONG Instituto JAJ, gestionada por el luchador. La cantidad debería servir para organizar un evento de jiu-jitsu en Río de Janeiro a lo largo de 2023.