Reciclaje electorero de los mismos

La gente reclama la rehabilitación de la política

Nuestro disfuncional sistema político está por dar a luz otro proceso electoral, que, a fuerza de la consumación de un reciclaje electorero de los mismos (camuflados, disfrazados, enmascarados), legalizará otro gobierno divorciado del interés general y otra legislatura sin representatividad. Por tanto, las camarillas politiqueras, que dominan el escenario electoral, una vez más se preparan para volver a ungir a funcionarios cooptados y perpetuar la vigente cleptocracia, que han anulado el autogobierno, la probidad y la meritocracia, así como instalaron una insoportable concentración de poder, que ha hecho nugatorio el sistema de frenos y contrapesos.

 

         En dos platos, no contamos con un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, al que se refirió Abraham Lincoln en su famoso discurso de Gettysburg, sino con una suerte de estructura de dominación, arbitrariedad y espolio, con fachada democrática.

           

         La Carta Democrática Interamericana (OEA) establece que “son elementos esenciales de la democracia representativa (…) el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”.

 

         En nuestra sociedad no rige un genuino Estado de Derecho, por lo que no existe una protección y defensa eficaz de los derechos humanos, la meritocracia y la rendición de cuentas no son positivas, no se garantiza una verdadera democracia representativa, la partidocracia se instaló para servirse del poder y no para servir a la sociedad, la justicia oficial no es independiente e imparcial, así como el sistema de controles interorgánicos está atrofiado de origen. A esto habría que agregar que, además de que la ciudadanía no confía en la autoridad electoral ni en los partidos, la acción política está condicionada y envilecida por el clientelismo y la presencia del dinero sucio, con aval de impunidad.

 

         Prueba de esto último es la ausencia de castigo de políticos y partidos que infringen las reglas de financiamiento político electoral, así como de aquellos que se valen del clientelismo para captar votantes con necesidades, lo que equivale a una típica perversión del sufragio y la acción política.

 

         El colmo sería que la autoridad electoral o la justicia oficial, cual sátrapa, cayera en la tentación de decidir quien compite en una elección y quien no, quien puede hacer campaña anticipada y quien no, quien debe ser sancionado y quien no; y, peor aún, determinar quien gana y quien pierde. Una actitud tal podría dar el tiro de gracia al actual parodia electoral.

 

         Como ya he advertido, el malhadado modelo político electoral que se recetó la clase política (adversa a la renovación), en 1985, está agotado, lo que se confirmó con el fiasco de 2019; y, por otro lado, la gente está cansada y frustrada por los gravísimos pecados de la política, entre ellos la corrupción, el financiamiento electoral ilícito y la injerencia de la delincuencia organizada en el ejercicio del poder, por lo que está reclamando, con vehemencia, la rehabilitación de la acción política y la instauración de un legítimo autogobierno.

 

Sin duda, el clamor por un cambio real, en medio de la desesperación, podría inducir a la población a apoyar a extremistas, oportunistas o populistas, trajeados de derecha o izquierda, y abrir la puerta a quienes, echando mano de la demagogia, ofrezcan el oro y el moro, con pretensiones despóticas. Cuidado, porque, más temprano que tarde, podrían hacerse realidad las peores pesadillas.







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Mario Fuentes Destarac

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Author: Maria Suarez