Las campañas —llenas de promesas, glosarios y propaganda— adquieren un giro interesante y productivo cuando suelen someterse a prácticas de verificación.
De más está decir que una de los protagonistas para estas elecciones serán las redes sociales y plataformas digitales. Aquí, algunas ventajas de la utilización de estas plataformas y en la próxima columna, veremos algunas desventajas, desde la perspectiva de la comunicación política:
Segmentación, personalización y medición
Dentro de la comunicación política, la relevancia de las redes sociales se debe a sus características de segmentación, personalización y medición. No solo son catalizadoras de movimientos sociales, también aparatos para la distribución masiva de información, publicidad y entretenimiento que han adoptado a la perfección la noción de propaganda como técnica de persuasión masiva en los medios de comunicación con una versión digital (que son casi todos).
Creación de imaginarios sociales teledirigidos
Cuando hablamos de imaginarios sociales, nos referimos a espacios no físicos que acompañan todos los mensajes políticos en una campaña. A partir de estos imaginarios, se valoran a los candidatos y a sus votantes, además de jerarquizar el conjunto de problemas y necesidades que creen los votantes que tiene la población. Yo destaco tres imaginarios sociales que veremos en la campaña digital:
(1) El pueblo, que lo oiremos mentar cientos de veces, sobre todo en los discursos de ala socialista y progresista. (2) La historia y el progreso, un recurso útil sobre todo para quienes no han gobernado y se enfocan en una campaña de achaque continuo al gobierno de turno y partidos que conforman parte de la alianza oficialista. (3) La democracia o el gobierno de mucho, que será un recurso muy utilizado por cualquier partido de cualquier ideología (si es que la tiene), puesto que el concepto de democracia y la alusión a propaganda populista suele funcionar muy bien sobre sociedades ignorantes, analfabetas, pobres y divididas, como la nuestra.
Verificación instantánea en comunidades digitales de las posturas del votante
Las campañas —llenas de promesas, glosarios y propaganda— adquieren un giro interesante y productivo cuando suelen someterse a prácticas de verificación. Los medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales liderarán este frente, dejando en ridículo a muchos candidatos tutti frutti (de quienes hablaremos pronto, cuando nos confirme el Registro de Ciudadanos los binomios a participar) y sus partidos de cartón, aunque no se excluirán a los candidatos más serios con bases sólidas (como una Sandra Torres con la UNE).
Masas individualizadas
Las masas son las masas y lo que importa es su voto en conjunto. Una golondrina no hace el verano, claro. Pero las redes sociales han funcionado bajo la premisa de que todos somos importantes y relevantes en nuestros perfiles; somos todos pequeños famosos. La campaña política lo entiende y por eso considera a los públicos como una masa manipulable a las que les otorga, gracias a las redes, un sentimiento de individualización. Por ejemplo, dentro de un tuit o un post desde la cuenta de Instagram, Twitter o TikTok de un candidato se le permite al votante como individuo comentar el post, compartirlo en su perfil personal, o votar en una encuesta. Eso les da un sentimiento de relevancia y los empodera.
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Juan Diego Godoy
Comunicólogo, periodista, columnista y profesor universitario. Máster en Periodismo, con especialización en análisis político. Apasionado por la política, cultura y tecnología.