Los comunicados y los desmentidos entre Rusia y Ucrania jugaron este domingo un papel protagonista cuando se cumplen 319 días del inicio de la guerra. Este domingo, el Ministerio de Defensa de Rusia aseguraba haber matado a más de 600 militares ucranianos en un ataque masivo con cohetes contra varios edificios en Kramatorsk, al este de Ucrania, que albergan temporalmente a las fuerzas ucranianas. Un ataque que para el Kremlin era una venganza por la agresión mortal de Ucrania a principios de este año contra un cuartel ruso en Makíivka, en la región de Donetsk controlada por las fuerzas de Moscú. Este ataque fue considerado como uno de los mayores varapalos recibidos por las fuerzas rusas desde el inicio de la invasión de Ucrania hasta el punto de que Moscú se vio obligada a confirmar, de manera inusual, la muerte de los 89 militares. Por su parte Ucrania estimó que la cifra de bajas era mucho mayor: al menos 400 militares fallecidos. Como respuesta a esta arremetida ucraniana, el Ejército ruso llevó a cabo el domingo «una ataque masivo con misiles» contra dos albergues donde estaban alojados más de 700 soldados ucranianos, dijo el portavoz del Ejército ruso, general Igor Konashenkov. «En el momento de los impactos se encontraron en ambos dormitorios más de 700 militares ucranianos« , aseguraba Konashenkov en una rueda de prensa recogida por la agencia de noticias rusa TASS. Además, el portavoz aprovechó la rueda de prensa para confirmar que en las últimas horas, más de 80 militares ucranianos habían muerto en el territorio de la república de Lugansk y la región de Járkov, entre ellos 40 miembros de «los grupos de reconocimiento y sabotaje ucranianos». Desde Kiev nayero hubo comentarios inmediatos sobre el ataque y la supuesta muerte de más de 600 ucranianos. El primero en hablar fue el alcalde de la ciudad agredida de Kramatorsk, Oleksandr Honcharenko , quien negaba las cifras. Honcharenko aseguraba en un mensaje en su cuenta de Facebook que el ataque dañó dos instalaciones educativas y ocho edificios de apartamentos y garajes, pero que no hubo víctimas. Más tarde, el portavoz militar ucraniano, Serhii Cherevati, afirmaba a la cadena británica BBC que este mensaje del Ministerio de Defensa ruso era una «muestra más de la propaganda» llevada a cabo por el Kremlin. Un equipo de la agencia Reuters desplegado en Kramatorsk apoyaba la versión ucraniana al confirmar que aunque sí se habían producido ataques con cohetes en la ciudad, no había señales de víctimas. Los reporteros de Reuters visitaron los dos albergues universitarios que el Ministerio de Defensa de Rusia afirmaba que habían alojado temporalmente a los militares ucranianos cerca de la línea del frente de la guerra en el momento del ataque nocturno. Ninguno parecía haber sido alcanzado directamente por misiles o seriamente dañado. Tampoco había señales evidentes de que los soldados hubieran estado viviendo allí ni señales de cuerpos o rastros de sangre, constató la agencia de noticias. Bombardeos continuos Rusia ha bombardeado repetidamente Kramatorsk, que se encuentra en la región de Donetsk, una de las cuatro regiones que Moscú afirma haber incorporado formalmente a Rusia, algo que Ucrania y la mayoría de los países del mundo no reconocen. Kramatorsk se encuentra a unos pocos kilómetros al noroeste de Bajmut, una pequeña ciudad que Rusia ha estado tratando de tomar durante más de cinco meses en una batalla brutal que se ha convertido en el escenario de algunos de los combates más feroces de las últimas semanas. A pesar de la tregua rusa anunciada por el presidente ruso, Vladímir Putin, durante la Navidad ortodoxa, en las últimas 24 horas dos civiles han muerto y otras nueve han resultado heridas como consecuencia de varios bombardeos en la ciudad de Bajmut, uno de los puntos más calientes del frente en el este de Ucrania. «A pesar del llamado ‘alto el fuego’ declarado por los ocupantes rusos en el último día, el enemigo lanzó nueve misiles y tres ataques aéreos y disparó 40 proyectiles», dijo el ministerio de Defensa de Ucrania en un comunicado. Putin decretó un alto el fuego de 36 horas para permitir a los cristianos ortodoxos festejar la Navidad, que se celebra el 7 de enero en Rusia y Ucrania, pero que resultó ser papel mojado con la continuación de los bombardeos.