Sobre el “terruqueo” en el Perú

 

En el Perú, el término“terruqueo” designa a una campaña negativa y, a menudo, a un método racista de alarmismo utilizado como etiqueta descalificadora. Es una táctica discursiva utilizada por derechistas, conservadores y, sobre todo, por fujimoristas, que consiste en describir a los opositores políticos de izquierda, disidentes del establishment, organizaciones quienes están en contra del statu quo neoliberal y antifujimoristas como “terroristas” o simpatizantes de causas subversivas y en contra del desarrollo del país. El terruqueo se deriva de la palabra terruco, un neologismo que se originó en Ayacucho y que describía a las guerrillas de Sendero Luminoso durante el conflicto interno en Perú. Los quechuahablantes reemplazaron la terminación de la palabra “terrorista” con uco, ya que típicamente terminan con ese sufijo los vocablos en ese idioma. Desde la década de 1980, la derecha peruana ha utilizado descuidadamente la palabra para atacar a los grupos indígenas, movimientos progresistas y agrupaciones de izquierda, convirtiéndose en una arma verbal para atacar infundadamente a amplios sectores sociales. En esencia, el terruqueo es la manipulación del legado de violencia política en Perú, utilizando el miedo histórico al terrorismo para obtener rédito político en el presente.

Durante estos intempestivos días de intransigencia en donde se ha encrudecido la violencia estatal, el uso del “terruqueo” ha servido para socavar a la democracia peruana. Retratar falsamente a los opositores políticos como terroristas ha minado el proceso democrático al desacreditar y deslegitimar puntos de vista políticos diversos y otrora válidos en una sociedad abierta, creando una atmósfera de miedo y desconfianza en el sistema político. Al utilizar el miedo y la desinformación para influir en la opinión pública, se ha creado un clima que favorece que las personas apoyen políticas y políticos autoritarios o antidemocráticos. También ha desalentado la participación política y suprimido las voces de los grupos marginados, en particular de grupos que suelen ser el objetivo de las tácticas de “terruqueo.” Además, ha justificado violaciones de los derechos humanos, ya que al etiquetar a grupos específicos como simpatizantes de terroristas ha conducido al abuso de poder y a la represión estatal en su esfuerzo por neutralizarles. En resumen, el uso de “terruqueo” hoy socava los principios de la democracia peruana al avivar el miedo y la desconfianza, promover la desinformación y silenciar la disidencia política.







Editorial

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Author: Maria Suarez