Tormenta política sobre la casa de ensueño de Biden

La casa a la que Joe Biden se retira cuando puede, aun durante las mayores crisis con las que le ha correspondido lidiar, tiene casi 700 metros cuadrados; tres pisos y un sótano , y una piscina en la parte trasera, junto a un lago. Y desde hace dos semanas se encuentra en el centro de un escándalo político que bien puede cambiar las normas que rigen los registros de quien entra y quien sale de las residencias privadas de los presidentes de Estados Unidos. La razón es que recientemente los abogados del presidente hallaron en el garaje de esta casa, junto a un viejo y restaurado Corvette varios legajos de documentos clasificados de cuando Biden era vicepresidente y que no deberían haber salido de la Casa Blanca. Es más, los asesores de Biden ocultaron este hallazgo durante meses, incluso en vísperas de unas elecciones cruciales y de amargos resultados para los republicanos. Noticia Relacionada estandar No Encuentran más documentos clasificados en la residencia de Biden en Delaware Javier Ansorena La Casa Blanca reconoció este jueves que se había encontrado una página con material de este tipo en la víspera en una zona de almacén adyacente al garaje Como es lógico, esta casa, que no es que sea ninguna mansión, está hoy convertida en una fortaleza, protegida por el Servicio Secreto , que alquila un pequeño anexo, a coste del contribuyente. Era, ya antes de que Biden ganara la presidencia, la dirección más célebre del estado de Delaware , que es minúsculo, apenas un millón de habitantes a medio caballo entre Washington y Nueva York. Del estado apenas han salido un vicepresidente y un presidente, ambos la misma persona, Joseph Robinette Biden Jr., quien en sus 36 años como senador prefirió seguir viviendo aquí, tomando a diario una línea de tren que sale a menos de 20 minutos de su casa, y le deja delante del Capitolio en una hora y media. Reuniones de alto nivel La historia reciente de la presidencia de EE.UU. es la historia de hombres con unos lazos intensos con sus estados y sus residencias privadas, refugios en los que se permitieron ser más ellos mismos. Como George W. Bush y su rancho en Texas, o Donald J. Trump y su lujosa mansión en Florida, en esas residencias privadas ha habido reuniones del más alto nivel, en ellas se ha deliberado durante jornadas trascendentales para la política nacional e internacional, y a ellas han regresado los presidentes tras el ocaso de sus mandatos, con tiempo para dedicarse a sus aficiones, como la pintura de Bush o el golf de Trump. La mansión de Trump en Florida AFP Pero de todos los presidentes recientes, el que más tiempo ha pasado en su residencia privada es, sin duda, Biden. El comandante en jefe norteamericano ha consumido casi un cuarto de su presidencia o bien en esta casa de Wilmington o bien en otra cercana, en la playa de Rehoboth, en su mismo estado. En apenas dos años, Biden ha ido a Delaware 30 veces. Y en ambas casas residió en los cuatro años previos a ganar las elecciones de 2020. Será por la cercanía a Washington, o por el carácter de Biden, pero no ha habido presidente en décadas recientes con tanto gusto por su hogar. Esta propiedad fue, también, fuente de angustias durante la época de Biden como senador, por su tendencia a endeudarse para adquirir propiedades. Según cuenta Biden en una autobiografía de 2007 (‘Prometer para cumplir’), a los 28 años ya había comprado cuatro casas, con préstamos de su suegro y acumulando tres hipotecas. Lo deja él escrito claramente en ese libro, preparado cuando lanzó su fallida campaña a la presidencia contra Barack Obama: «Desde los años de instituto me había fascinado el sector inmobiliario». Un hogar a su medida A esta residencia ahora en el ojo del huracán no se mudó Biden hasta 1996, cuando su primera mujer y su hija habían fallecido en un accidente de tráfico y él se había casado con su segunda esposa, Jill. El hoy presidente, entonces senador, vendió otras propiedades y compró casi dos hectáreas de terreno para levantar esta casa desde cero, según sus sueños y necesidades. La diseñó de una forma que queda oculta del tráfico y los curiosos, y fue pagando poco a poco, amasando deudas y más deudas. Durante años, según los registros que figuran en los archivos públicos, Biden fue el senador con menos patrimonio, un tipo de clase media metido a hacer política en un Capitolio dominado por millonarios con apellidos de la solera de un Kennedy o un Bush. Y según revelaron tanto Biden como Obama en entrevistas y escritos tras salir de la Casa Blanca en 2017, esta casa fue también su última esperanza de salvar a su hijo Beau cuando se lo llevaba un fulminante cáncer cerebral, y las facturas médicas se apilaban. Biden le confesó en 2015 a Obama que estaba pensando en pedir una segunda hipoteca sobre lo ya amortizado para pagar el tratamiento, pero finalmente Beau Biden murió poco después. Por aquel entonces Biden cobraba 230.000 dólares al mes como vicepresidente y tenía ya una deuda cercana al millón de dólares. Tras salir de la vicepresidencia, primerizo pero afortunado en el mundo de los negocios privados tras casi 45 años dedicados al servicio público, Biden ingresó unos 15 millones por dar discursos, escribir libros y artículos y dar clases. Así pagó sus deudas, amortizó esta casa y se compró la de la playa por 2,7 millones de dólares. Para los republicanos, que nunca han recelado de la fortuna de Trump, esa capacidad de hacer tanto dinero en tan poco tiempo es sospechosa, como es sospechoso lo que ahora se sabe que Biden se trajo a la casa tras abandonar temporalmente el poder. El registro en la residencia privada de Biden Reuters El hallazgo el 2 de noviembre de unos documentos clasificados en un armario cerrado con llave en un despacho que Biden usó tras salir de la presidencia llevó a su equipo a registrar sus residencias privadas el 11 de enero. En esta de Wilmington, hallaron varios papeles también secretos. La Casa Blanca sólo admitió el hallazgo después de que la cadena CBS publicara la exclusiva, y cuando el fiscal general ya había nombrado a un fiscal especial para investigar el caso. Parecía entonces que la tenencia de documentos clasificados se convertía en una lacra para la presidencia americana, sobre todo después de que el 8 de agosto el FBI, la policía judicial, registrara la mansión de Trump en Florida para incautarse de medio centenar de papeles que el expresidente se llevó consigo y se negaba a devolver. Al contrario que Biden, Trump se negó a colaborar con las autoridades, llegando a proclamar, falsamente, que había desclasificado los documentos, algo que tenía la potestad de hacer, dijo, sólo con pensar en ello. Biden, en contraste, entregó los documentos y su abogado dijo que los tenía consigo «por error». Registro de entrada La pregunta ahora para los fiscales, es quién pudo tener acceso a los documentos clasificados tanto de Biden como de Trump, sobre todo dado el hecho de que ninguno está obligado a mantener un registro de entradas y salidas de su residencia privada, aunque el Servicio Secreto esté a cargo de la seguridad de esta durante y después de su mandato. Preguntado, un portavoz de la Casa Blanca, Ian Sams, afirmó que «como ha sucedido con cada presidente desde hace décadas, su residencia privada es algo personal «, y por eso el Servicio Secreto no mantiene registro alguno, aun cuando el presidente pasa cientos de días allí. »Aun así desde que jurara el cargo, el presidente Biden ha reinstaurado la normal de mantener registros de visitas de la Casa Blanca, unos registros que de hecho se publican de forma habitual, algo que la anterior Administración había eliminado«, añadió Sims en un correo electrónico. En Delaware vivió también Hunter Biden, investigado por sus oscuros negocios por todo el mundo Es cierto que no hay una ley específica que regule el registro de entradas a la Casa Blanca, pero existe un listado de facto, ya que todos los visitantes deben pasar por un control de seguridad extremadamente riguroso antes de ingresar al edificio. También es verdad que Trump dejó de publicar su agenda de visitas, algo que generó abundante polémica al final de su presidencia, cuando mantuvo reuniones en las que se discutieron opciones para invalidar el resultado de las elecciones de 2020, antes del saqueo del Capitolio. Un futuro incierto En el caso de Biden, sin embargo, uno de los motivos de inquietud para los republicanos, que acaban de retomar el control de la Cámara de Representantes, es que en esta misma casa de Wilmington vivió en 2018 el hijo del presidente, Hunter Biden, investigado por sus oscuros negocios por todo el mundo, desde Ucrania hasta China. Según dijo abiertamente el diputado republicano James Comer, que preside la comisión de Control al Gobierno, en una carta dirigida a la Casa Blanca, le preocupa «que el presidente Biden guardara documentos clasificados en el mismo lugar en el que residía su hijo mientras realizaba negocios internacionales con adversarios de EE.UU.». Lo cierto es que ni la Casa Blanca ni la fiscalía han revelado qué papeles clasificados se llevó Biden, si eran meras actas sin importancia o si eran cables clasificados con información crucial sobre China o Rusia. De lo que halle el fiscal depende en gran parte el futuro de la actual presidencia.

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Author: Pablo Perez