Trump y su laberinto

La crisis del sistema capitalista no es solo ausencia de liderazgo, es ética y moral.

Derivado de la investigación del Comité del Congreso, liderado por los demócratas el año anterior, el expresidente es acusado de ser responsable del asalto al Capitolio en Washington D.C. el 6 de enero del 2021, con un saldo de muertos y heridos y, de conspirar para revertir el resultado electoral que dio la victoria a Biden en las elecciones presidenciales, poniendo en riesgo la vida de los legisladores y del ex vicepresidente Mike Pence, recomendando por unanimidad al Departamento de Justicia,-sin ser vinculante- juzgarlo por cuatro cargos criminales: Obstrucción de la Justicia, incitar a la insurrección, conspiración para defraudar al Estado, conspiración para hacer una declaración falsa y prohibirle ser candidato presidencial el 2024. Además, la fiscalía de New York  lo demandó por fraude fiscal continuado de diez años, investigándolo también la de Florida por posible violación a la ley de espionaje, y mal manejo de más de 10 mil documentos confidenciales y top secret, que por ley le pertenecen al gobierno, encontrados en su residencia de Mar a Lago. La situación de Trump es delicada y sin embargo, todavía propone reformar la Constitución, alterar el resultado electoral y darle posesión del cargo de Presidente alegando fraude sin aportar pruebas, reflejando su conducta un nivel de paroxismo, impropio de un dirigente sensato en cualquier país, no digamos en el considerado la catedral del capitalismo democrático. Su fanatismo contagió a un dirigente primitivo en Brasil, generando incertidumbre en otros países donde pueden imitarlo. 

De propagarse el fenómeno en América Latina, la crisis económica, financiera y social se agudizará, siendo escenario de agitaciones populares y violencia, pagando el costo de imponer un sistema sin control democrático, reflejando la decadencia de una sociedad orientada al futuro por tradición, en la que no tiene cabida el integrismo. Regresión propia de la ceguera de Trump, al volver la política un espectáculo y el Estado un negocio confundiendo gobernar con mandar, concibiendo a la persona como un objeto y polarizar la sociedad, afectando la estabilidad social, la seguridad y el liderazgo de esa gran nación. La duda razonable es si la élite tolerará sus desvaríos y los elevados costos sociales. Es obvio que la contradicción de ser un imperio y una república, implica dificultades de naturaleza distinta, agudizando el modelo neoliberal la tensión entre la igualdad y la libertad, pensando que son los elegidos para salvar la humanidad. Y sin regulaciones de ningún tipo, reina en los mercados la especulación y el desorden, convirtiendo los activos financieros en el negocio más rentable de la historia, con el riesgo latente de surgir burbujas como en el 2008 poniendo la sociedad al servicio del mercado y no a la inversa, como debe ser. Por si fuera poco, manipulan el precio del gas y el crudo, a pesar de no controlar las exportaciones con descuento de Irán y Rusia a China. El colmo es que al final de la debacle, todavía exigen al vilipendiado Estado que los rescate…

La crisis del sistema capitalista no es solo ausencia de liderazgo, es ética y moral. Requiriendo una renovación urgente para enfrentar los desafíos futuros con solvencia. Al disolverse los valores cardinales y sociales en las sociedades desarrolladas, la tensión entre el poder arbitrario y la ley persiste, siendo más acentuada en las marginales abandonadas sin remordimiento. Al vivir en un desierto espiritual enredados en los vaivenes de la codicia y el hedonismo, los dirigentes olvidan su finitud, desplazándolos en el futuro la inteligencia artificial evolucionada, a seres de segunda clase. El socialismo y el capitalismo en sus distintas versiones no son responsables de la crisis. El verdadero culpable de todo es el hombre y las circunstancias, como sabiamente dijo el ilustre maestro Ortega y Gasset. Joya. El poder sin beneficio social, no tiene sentido…







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Amílcar Álvarez

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Author: Maria Suarez