Un puñado de diputados republicanos rebeldes que quieren dinamitar el sistema

Lo que realmente une a los 20 republicanos rebeldes que han hecho del Capitolio su rehén en este atribulado inicio de curso político es su voluntad de hacer que el statu quo salte por los aires. Sólo basta con escuchar sus apasionadas intervenciones en el hemiciclo y sus encendidas soflamas en los pasillos: Washington está roto, hay que reformar el sistema político, el pueblo debe prevalecer sobre las élites, no a más de lo mismo. Son un puñado de insurrectos, «infieles», como les han apodado sus compañeros de partido, que están actuando como verdaderos antisistema. Tanto es así que, gracias a su desprecio de la disciplina de partido, por primera vez en un siglo Estados Unidos no tiene presidente de la Cámara de Representantes, un cargo crucial para las leyes y los presupuestos, segundo en la sucesión del presidente de la nación. Los 20 diputados que se negaron a votar a favor del líder de su propio partido son todos de distritos electorales conservadores, donde los demócratas no tienen normalmente opciones. Noticia Relacionada estandar No Kevin McCarthy pierde también la séptima votación para ser el líder de la Cámara de Representantes David Alandete Ni siquiera la intervención del expresidente Donald Trump, que el miércoles pidió públicamente a su partido que le apoye, ha servido al republicano para obtener la victoria Son en su mayoría apasionados defensores del expresidente Donald Trump, aunque no sólo eso. Militan muchos de ellos en un pequeño grupo parlamentario conocido como ‘Freedom Caucus’, célebre por sus planteamientos populistas y libertarios. De esa veintena, unos cuatro son enemigos declarados del líder republicano, Kevin McCarthy , y desde que el partido ganó las elecciones a la Cámara en noviembre han avanzado que su voto sería «no». En circunstancias normales, con una mayoría más holgada, eso no sería un problema. Pero en esas elecciones, los republicanos a penas sacaron mayoría de 10 votos, y ese sector rebelde ha sido capaz de convencer a suficientes compañeros de bancada como para propiciar este bloqueo. Desde hace semanas McCarthy lleva cortejándolos, pero también tratando de mantener contento al resto del partido, 222 diputados en una cámara de 435, en la que todo voto va a tener una importancia mayor que en las legislaturas precedentes. Hay entre los rebeldes diputados ya veteranos, como Matt Gaetz, de Florida, un provocador nato que ha hecho de las bravatas todo un arte político (en plena pandemia se plantó en el hemiciclo con una máscara de las que se usan en ataques químicos) y que ha sido acusado e investigado, aunque no condenado, por tener relaciones con una menor. Y los hay novatos, como Anna Paulina Luna , también de Florida, que ganó sus primeras elecciones profesando su admiración por Donald Trump y la tenencia de armas, que se ha presentado como la repuesta republicana a Alexandria Ocasio-Cortez. También dada a posar en fotografías con armas de todo calibre es Lauren Boebert, que tuvo unas elecciones en su distrito de Colorado más ajustadas de lo que esperaba, y que fue muy criticada por afirmar que una compañera en la Cámara, Ilhan Omar, era sospechosa de terrorismo por el hecho de ser musulmana, entre otras controversias. Afroamericanos Todos ellos han ido votando, uno tras otro, a candidatos diferentes. En un momento, se unieron tras uno de sus compañeros de rebelión, un joven de Florida de nombre Byron Donalds. Esto fue histórico porque Donalds es de raza negra y por lo tanto el candidato elegido por los demócratas —Hakeem Jeffries, de Nueva York— y uno de los republicanos —Donalds— eran ambos afroamericanos. Hasta la fecha todos los que han ocupado el cargo han sido blancos, y sólo uno de los 52, la última, Nancy Pelosi, fue mujer. ¿Qué le han pedido los insurrectos republicanos a McCarthy? Una serie de concesiones en el reparto de cargos y otras prebendas. Que se vote sobre la limitación de mandatos, que es un caballo de batalla populista. Y lo más humillante para el líder republicano, que pone su poder, si lo logra, en juego: la posibilidad de que cualquier diputado, uno solo, pueda iniciar una moción de confianza, lo que le obligaría a estar permanentemente sometido al dictado de este grupo.

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Author: Pablo Perez