Fue un brote verde pero la necesidad forzó la alegría. Tanto entusiasmo azulgrana por sólo un partido bien jugado dio un poco de vergüenza ajena. Era una final pero de la Supercopa. Era el Madrid pero tan menguado que casi pudimos darlo por no comparecido. No hay que restar méritos pero hay que esperar a que la regularidad confirme la mejoría, si realmente la hay, de un equipo que dio en el pasado otros destellos de luz ( aquel 0-4 de Xavi en el Bernabéu ) y sin solución de continuidad se desplomó como un peso muerto. Al Barcelona le salió un muy buen partido contra un muy mal Madrid. Motivados por el Clásico y por ser una final, los jugadores salieron con un ánimo y un mordiente muy superiores al poco que mostraron en la semifinal contra el Betis y a los anteriores partidos ligueros. ¿ Qué Barcelona comparecerá contra el Ceuta, contra el Getafe, contra el Girona? ¿El que el domingo parecía estar jugando la final de la Champions o el que se deshace a los veinte minutos de juego y se deja empatar e incluso vencer por segundones? Cuando lo sepamos podremos explicar si ha habido punto de inflexión y tenemos un equipo por fin adulto y serio o si volvemos a ser aquel Barça perdedor y mediocre de los años 80 —antes de que el Cruyff entrenador llegara— que perdía lo importante y celebraba las puntuales victorias contra el Madrid como si fueran declaraciones de independencia de Cataluña . Noticias Relacionadas estandar Si Fútbol El enigmático ostracismo de Eric García Sergi Font opinion Si Fútbol Laporta elige a turcos, anónimos y amigos para construir el nuevo Camp Nou Salvador Sostres Hacía tiempo que Gavi merecía una noche como la que tuvo en Riad. Por su afán, por su espíritu, por su creciente finura. En cambio todavía está por ver si Xavi ha aprendido a tomar decisiones acertadas en situaciones algo más adversas que esa majestuosa alfombra de pétalos de rosas blancas en que el Madrid se transformó, tirando la final a la basura. Luego está lo de Dembélé . Una de tantas tozuderías de Xavi que va camino de convertirse en las mismas cenizas que Ferran Torres o Eric García , y nadie nos devolverá el tiempo y el dinero que hemos perdido. Pese a la brillante victoria no hay elementos suficientemente sólidos para confirmar o desmentir que un nuevo Barça ha iniciado su andadura, pero no hace falta demasiada cordura para entender que la triunfalista entrevista que ayer por la mañana Joan Laporta le concedió a Jordi Basté en Rac1 rozó el ridículo, con esa euforia de niño muy pobre emocionado porque los Reyes le han traído un sugus.