PESTAÑA espana-polonia-grupoa-mundial-balonmano-2023 Crónica 4 España comienza con alegría la ronda principal del Mundial, sonrientes los jugadores tras el pitido final porque se sufrió ante una Polonia muy rocosa, pero se consiguen los dos primeros puntos en este camino en el que al final se otean las medallas. Hubo trabajo colectivo, como siempre, pero también destellos puntuales como la frialdad de Kauldi Odriozola en los siete metros, las paradas de Pérez de Vargas, los vuelos de Adriá Figueras y los latigazos de Joan Cañellas y Álex Dujshebaev. Primera victoria y sensaciones de que el engranaje funciona y tiene todavía algo más para lucir. Tocará sacarlo pronto, pues aún queda mañana Eslovenia (15.30) y el domingo, Francia (21.00 horas). Mundial de balonmano Segunda fase España 27 Polonia 23 La buena noticia era que se conseguían goles, con trabajo, pero se sumaban al marcador. La mala, que también los polacos estaban comodísimos en cada jugada de ataque. Se explicaba así que el marcador se mantuviera tan parejo y tan reñido. Como reñidos fueron los marcajes de la defensa polaca, al límite siempre de la norma, pero efectivos para controlar esos minutos en los que España se vio un poco más potente. Entre la capacidad física de los centrales y el brazo suelto de Sicko, fue difícil encontrar los huecos. Pero España tenía a Álex Dujshebaev al ataque, para desatascar las jugadas cuando no se encontraba otro recurso entre el bosque de brazos polacos. O Joan Cañellas, que también soltó latigazos con finura y efectividad. Costaba un mundo hallar las grietas y muy poco perder la ventaja. Dos errores en la colocación al correr a la defensa provocó que la renta de dos goles a los 20 minutos se evaporara. Y la tónica fue seguir peleando. Algo en lo que está acostumbrado el conjunto nacional y, aunque preferiría un partido cómodo como contra Irán, estaba concienciado para jugar contra los anfitriones. En dos minutos de concentración, Cañellas, Guardiola y Ángel Fernández construyeron un colchón de tres goles que calaron en la confianza propia. A pesar de la efectividad de Sicko, había galones y opciones para desafiar la muralla polaca. Y también tranquilidad para saber que, aunque los rivales pudieron reponerse de esos tres goles para acercarse a solo uno al descanso (16-15), se podía con ellos. Se cerró en banda España en la reanudación. Y se abrieron las alas para que la selección volara. Humildad, carácter y lanzamientos para respirar un poco, parcial de 4-0 que se intentó mantener con paciencia y seguridad para evitar las pérdidas y aprovechar los ataques. Se estaba jugando bien como para desaprovecharlo. Y ahí se mantuvo el equipo, compacto a pesar de que perdió durante unos minutos a Gedeón Guardiola por un encontronazo con Walczak, que fue expulsado. «Aguantamos, aguantamos», se desgañitaba el capitán en el último tiempo muerto. Y aguantaron, todo el plantel, fiel Jordi Ribera a su distribución de minutos. Se mantuvo esa diferencia de cuatro goles durante los últimos diez minutos, y la concentración, agotador esfuerzo pero que tuvo la recompensa de los puntos, de la primera alegría de esta ronda principal y el mensaje a los rivales: mínimas pérdidas, máxima efectividad. Saltos de alegría contenidos por el derroche realizado, pero aliviada la tensión y amarrados los dos primeros puntos. España sigue su camino, cuarto triunfo, defensa implacable, ataque potente, mismo hambre.