Una grave paradoja de la razón humana

Un debate fascinante sin duda, pero, paradójicamente, frente a la maravillosa capacidad de la razón humana, encontramos en el mundo social y político en que vivimos una increíble incapacidad de guiarnos por la razón.

Nuestros lejanos antepasados de África desarrollaron hace cientos de miles de años diversos mecanismos para sobrevivir en un medio ambiente hostil, que no perdonaba los errores. Todos los que vivimos actualmente somos de hecho descendientes de aquellos individuos que fueron exitosos y lograron transmitir su herencia genética y cultural a las siguientes generaciones. Uno de estos mecanismos, quizás el más increíble y maravilloso, es la razón: nuestra capacidad de imaginar primero mentalmente el mundo, para después actuar sobre la realidad y construir así el futuro que deseamos.

En su famoso ensayo de 1960, La irrazonable eficacia de las matemáticas en las ciencias naturales, el Premio Nobel de física Eugene Wigner se maravillaba de la increíble correspondencia que existe entre las matemáticas puras y el mundo real, algo que de verdad bordea lo misterioso. Wigner afirmaba que no hay explicación racional para ello. Asombrosamente, muchos de los conceptos matemáticos modernos más brillantes y abstractos, descubiertos o inventados por la razón humana, resultan ser un modelo perfecto de los fenómenos del mundo real. ¿Será que el universo es resultado del funcionamiento de algoritmos matemáticos o más bien la evolución de la razón humana ha sido capaz de reconocer los patrones ocultos que rigen el acontecer de la realidad física? Un debate fascinante sin duda, pero, paradójicamente, frente a la maravillosa capacidad de la razón humana, encontramos en el mundo social y político en que vivimos una increíble incapacidad de guiarnos por la razón.

Tiene sentido decir que las matemáticas básicas se desarrollaron para describir cosas en el mundo cotidiano. Podemos entender el origen de cosas como contar, sumar, calcular el área de una superficie. Sin embargo, como argumenta Wigner, esta simple explicación no explica gran parte de lo que vemos. Sin embargo, el lenguaje matemático que los humanos hemos desarrollado nos permite conocer los secretos más ocultos del universo físico y de la realidad social.

Hace once meses, por ejemplo, Rusia inició en Ucrania una operación militar que ya ha causado enormes daños, no solo a los habitantes de los Estados directamente participantes, sino al mundo entero, con el inminente peligro de una escalada de violencia con resultados imprevisibles. Los conflictos humanos, como cualquier otro tipo de interacción social, presentan patrones que se han podido modelar matemáticamente. Los expertos han desarrollado la llamada “teoría de juegos”, a partir de la cual se pueden construir estrategias ganadoras, en las que ambas partes pueden convertir un “juego suma cero”, conflictivo, en otro cooperativo, en el que todos ganan. Y, sin embargo, nadie parece querer encontrar la solución al conflicto ruso-ucraniano.

Sin duda, los dirigentes de los Estados combatientes están respondiendo a realidades e incentivos percibidos dentro de un sistema de relaciones internacionales objetivas; un sistema anárquico, formado por agentes estatales racionales, cuyo interés primordial es sobrevivir.  Para ello requieren poseer capacidades ofensivas frente a contrincantes cuyas intenciones son esencialmente desconocidas. En tal sistema anárquico no existe ninguna autoridad superior a quien recurrir, por lo que el interés de cada actor estatal es convertirse en el Estado más poderoso de su región. Así, para entender y resolver el conflicto europeo actual, es necesario enmarcarlo en un modelo general que permita efectuar una transformación racional de los incentivos existentes en otros que promuevan posibles conductas cooperativas. Es posible que la estrategia adecuada, sin duda necesariamente riesgosa, es escalar el conflicto para después desescalarlo. El riesgo es enorme, pero quizás el no intentarlo sea peor. 







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Roberto Blum

Experto en Economía y Política. Director del Centro de Ética David Hume de la Universidad Francisco Marroquín. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, por la Universidad Iberoamericana, México. Además, es autor de la obra: «De la política mexicana y sus medios. ¿Deterioro institucional o nuevo pacto político?»

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Author: Maria Suarez