Victoria soporífera de un Barça vacío

PESTAÑA betis-barcelona-supercopa-espana-22/23 Crónica 3 El Barça se ha vuelto regular. En su mediocridad pero regular. Hace siempre lo mismo. Lo malo y lo bueno y a la misma hora. El mismo despliegue inicial, la misma ineficacia. La misma inocencia, la misma verticalidad. La insistencia de Xavi en jugadores que no le funcionan como Dembélé. Su incapacidad para hacer jugar mejor a ninguno de sus fichajes, como llamativamente sucede con Raphinha. Lewandowski volvió al equipo porque la Supercopa no está incluida en su sanción, pero en los dos primeros balones que tocó pareció algo oxidado, si bien es cierto que fueron de espaldas a la portería. El Betis no hacía nada, en parte por el cuidado de Koundé y Araujo; pero lo que hacía el Barça, aunque algunas acciones parecían prometer, tampoco servía de gran cosa y daba la sensación de que estábamos en lo de siempre, clavados en la regular vulgaridad. Poco a poco el Betis empezó a estirarse, y el Barcelona a retroceder, casi como si fuera un guion de obligado cumplimiento por los azulgrana. Un regalo de Koundé no lo pudo aprovechar Fekir porque muy oportuno Araujo se lo impidió en el último instante. Exactamente lo mismo que en cada partido, la desmoralización pareció tomar a los Xavi. Sin ser gran cosa el Betis empezó a amenazar y Pezzella casi marca de cabeza, con el permiso de Araujo que se despistó en la marca, pero Ter Stegen respondió con un paradón de portero de balonmano. El Barça menguaba según lo establecido, con la regularidad intestinal que prometen los yogures bio. Por mérito propio y desaparición del rival, los andaluces se fueron haciendo poco a poco con el control del partido y generaron más en los diez minutos siguientes que el Barça en los primeros 25. Como una isla en el océano, Lewandowski marcó el primero de la noche, en una acción de insistencia que le honra como delantero luchador, pero la primera parte continuó siendo del Betis hasta el final, con otros dos paradones Ter Stegen que privaron a los de Pellegrini del merecido empate. Volvió distraído el Barça del descanso, desconcentrado. El intercambio de golpes favorecía al Betis, que necesitaba marcar. El Barcelona se precipitaba en la verticalidad, y se vertía demasiado pronto como los amantes jóvenes e inexpertos. Sin ninguna idea identificable, lo que proponía Xavi no era más que un correcalles para fiarlo todo a los duelos individuales. El Betis hacía lo que podía, sin perder la calma. Los jugadores del Barça se notaba que querían hacer algo más, pero que no les salía. Broncas con el árbitro, malas caras. Prisas como si fuera perdiendo, angustia innecesaria. En 11 minutos, cuatro balones perdidos. Patológica incapacidad de este equipo para gestionar marcadores favorables. El partido se apagó, como si ni unos ni otros supieran qué más hacer. Busquets y Ferran entraron por De Jong y Dembélé, con leves molestias en el isquio izquierdo. El Barça necesitaba recuperar ritmo, intensidad y terreno de juego, pero aunque lo intentaba no encontraba la manera. Tenía más peligro su propia impotencia que la amenaza del rival, que se limitaba a aprovechar la pesadez azulgrana. Más balones perdidos: Lewandowski y Busquets se sumaban al festival de las embarradas. Y entre tantos regalos Fekir decidió aprovechar uno y empatar el partido. Lamentable caída a peso de un Barça que durante la segunda parte no hizo más que arrastrarse. Christensen y Marcos Alonso entraron por Sergi Roberto y Alba: los mismos cambios que Xavi tenía previstos con el 1 a 0 los mantuvo tras el empate. Al borde de la prórroga, Ansu sustituyó a Raphinha. Noticia Relacionada Fútbol estandar No Joao Félix, expulsado en su debut con el Chelsea J. A. M. El portugués, que ha dejado buenas sensaciones en la primera parte, ha visto la roja directa tras el descanso por una entrada con los tacos por delante a un rival Ansu hizo valer su ímpetu y sus ganas en el minuto 2 de la primera parte de la prórroga y marcó un gol de una volea dificilísima. Gran mérito, golazo. El Barça necesitaba una punta de calidad que la despertara y se la dio el que desde su funesta lesión parecía definitivamente descartado para los heroicidades. El Barça necesitaba a Ansu, y Ansu necesitaba reivindicarse. En claro contraste, Ferran Torres fallaba todo lo que intentaba y ponía en situaciones de grave peligro a su equipo, como una delirante asistencia al portero que no hacía ninguna falta. El «efecto Ansu», aunque sea exagerado llamarlo así, era el factor diferencial de un equipo que de todos modos continuaba ofreciendo una imagen muy raquítica, muy pobre. Loren en el 101 marcó el gol de su vida, de espuela, dejando a todo el mundo boquiabierto. El primer boquiabierto, él. Gol asombroso, pero empate justo. El Barça tenía el ilusionante empuje de Ansu y la inagotable fuerza de Araujo. Todo lo demás era un insufrible conjunto vacío. Mal partido y sobre todo aburrido. El Betis en su modestia hacía todo lo que sabía hacer, y lo hacía con honor, con ganas y con disciplina, rindiendo mucho más al nivel que por su presupuesto y calidad era razonable exigirle que su desnortado rival. Que el partido llegar a los penaltis fue un mérito del Betis pero estuvo más acertado el Barça, que sin merecerlo demasiado jugará la final el domingo contra el Madrid.

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Author: Pablo Perez