Cuando parecía que el fichaje de Facundo Campazzo por el Estrella Roja de Belgrado sería el gran movimiento del mercado invernal de la Euroliga, una bomba emergió del norte de Italia. A última hora del viernes, el medio La Gazzetta dello Sport anunció que el Olimpia Milán estaba muy cerca de firmar a Kemba Walker , cuatro veces All-Star de la NBA y uno de los mejores anotadores de la liga estadounidense de la última década. La excitación entre la comunidad de la canasta es máxima pues, desde el desembarco de Dominique Wilkins en el Panathinaikos griego en 1995 o el de Amar’e Stodemire en el Maccabi en 2020, ningún jugador estadounidense con tanto talento ha cruzado el charco para jugar en la Euroliga. Ilusión enfriada por las últimas temporadas del neoyorquino en la NBA ya que el base, que entre 2017 y 2020 estaba entre la burguesía de la liga, ha acumulado muchos problemas en forma de lesiones en los últimos años, especialmente castigadas sus rodillas. De hecho, su fichaje por el Milán está a expensas de que un exhaustivo reconocimiento médico confirme que físicamente sea apto para una Euroliga que a cada año se vuelve más competitiva. Además la situación que se encontrará Walker en Italia no es la ideal: penúltimos de la Euroliga y tres derrotas en los últimos tres encuentros. De estrella a estar sin equipo Walker fue cortado hace solo unas semanas por los Dallas Mavericks que, tras cortar a Campazzo , firmaron al de Harlem con un contrato de 30 días. Jugó tan solo nueve partidos con los tejanos, donde promedió algo más de nueve puntos en 16 minutos por encuentro. Sin embargo, algo no debió de convencer al equipo liderado por Doncic , que optaron por no extender su vinculación. Noticia Relacionada Baloncesto estandar No Turquía pone precio a la cabeza del ex NBA Enes Kanter Pablo Lodeiro Fernández El gobierno de Erdogan ofrece una recompensa de 500.000 euros para el que ayude en la captura del que fuera pívot de Utah Jazz y Boston Celtics Una nueva decepción para un jugador que saltó a la fama en 2011 cuando consiguió ganar el torneo universitario estadounidense ( NCAA ) con los Huskies de Connecticut. Su talento innato para anotar y su alegre juego de pies (fuer bailarín en su infancia, algo que le ha influenciado en su estilo de juego como él mismo reconoce) encandilaron al baloncesto estadounidense y, unos meses después, ya estaba en la NBA. Elegido por los Charlotte Hornets en el puesto número nueve del Draft, desde bien pronto se hizo notar en la liga y tras unas temporadas, comenzó a superar el umbral de los 20 puntos por partido. Además, en sus últimos años con los de Carolina del Norte (2017 y 2018) sería llamado para disputar el All-Star, el partido de las estrellas. Fue entonces cuando los Boston Celtics llamaron a su puerta con 141 millones de dólares. Con los verdes siguió con sus promedios y sumó dos nuevas participaciones en el All-Star, aunque las lesiones en las rodillas comenzaron a minimizar el impacto del jugador. En 2020 fue traspasado a Oklahoma y, tras ser cortado, firmó por los New York Knicks en 2021, el equipo de su ciudad, donde nunca pudo recuperar la magia de los primeros años de su carrera. Tas tantas vueltas y dificultades, Europa aparece en el horizonte para un bailarín con pulso de francotirador que busca renacer.