Adolfo Kaminsky, el 'mago de la tinta' que salvó a miles de judíos de los nazis

Hay quienes aseguran que los héroes no tienen edad. Y así lo demuestra la historia de Adolfo Kaminsky, un argentino que con apenas 18 años y una técnica infalible como falsificador, logró salvar a miles de judíos de los campos de concentración nazis. El célebre ‘mago de la tinta’ falleció el pasado mes de enero, a sus 97 años, en París y se ha llevado con él una historia que parece sacada de un cuento o una película. Cuando a sus 18 años juraba y perjuraba que era capaz de borrar la infalible tinta Waterman, que los nazis utilizaban para «condenar» a los judíos y destinarlos a campos de concentración , muy pocos le creyeron. Kaminsky había descubierto los fundamentos de la química cuando trabajó como aprendiz de tintorero , pero fue en una fábrica de productos lácteos donde dio con la clave para borrar la tinta Waterman: el ácido láctico. Descubrió que el secreto para borrar la famosa tinta waterman era el ácido láctico Su elaborada técnica salvó la vida de miles de judíos en París, donde llegó a formar parte de la Sexta, una pequeña célula clandestina de la Resistencia francesa, ubicada en el barrio Saint-Germain-des-Prés. En aquel momento, la capital francesa se encontraba sumida en el terror perpetrado por los nazis y el argentino recibía cada vez más pedidos. Llegaban a tener hasta 500 peticiones semanales . Pasaportes, partidas de nacimiento, de matrimonio… cualquier papel que pudiera condenar a su propietario a los campos de la muerte era enviado a las manos de este hábil falsificador. El equipo con el que trabajaba estaba integrado por apenas cinco personas que salvaban vidas desde un pequeño taller escondido en el 17 de Rue de Saints-Pères. Para camuflar los fuertes olores de disolvente, hacían las veces de artistas. En 2016, el documental de ‘El falsificador’ contó la historia de este personaje que cambió el destino de miles de personas. Apenas algunas herramientas combinadas con un poderoso ingenio fueron todo lo necesario para poner en marcha una maquinaria insólita para salvar vidas en plena Segunda Guerra Mundial. Por medio de la técnica del fotograbado, el falsificador sudamericano había logrado hacer sellos, tampones, membretes y marcas de agua. Para que los documentos pareciesen más antiguos, fabricó una centrifugadora con una rueda de bicicleta. Perdió un ojo La vida de Kaminsky implicó un enorme sacrificio en pos de un objetivo: salvar tantas vidas humanas como fuera posible. Llegó incluso a perder un ojo por su incansable trabajo. Así lo cuenta su hija Sarah en el libro ‘Adolfo Kaminsky, una vida de falsificador’, en el que narra la historia de su padre: «Mantenerse despierto. El mayor tiempo posible. Luchar contra el sueño. El cálculo es simple. En una hora puedo fabricar 30 documentos vírgenes. Si duermo una hora, 30 personas morirán«. Quien conoce París sabe de esas placas en las escuelas galas que recuerdan el dramático paso de los nazis por la ciudad, informando de los niños que fueron llevados de sus aulas a los ‘campos de la muerte’. Uno de los encargos de la Sexta al joven de origen argentino fue salvar la vida de 300 pequeños judíos que se encontraban en centros del Estado. El propio Kaminsky era de origen judío y salvó su vida gracias a su pasaporte argentino. Con 18 años ya había conseguido una identidad falsa: Julien Keller. Siguió falsificando documentos hasta los años setenta , luchando contra la guerra de Argelia, el ‘apartheid’ de Sudáfrica, los regímenes de Franco y Salazar…

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Author: Pablo Perez