Jimmy Carter tomó la decisión de despedirse del mundo en su hogar rodeado de los afectos familiares. Habiéndose formado en las entrañas de la ciencia y manejado con éxito las complejidades de la física nuclear el 39 presidente de los Estados Unidos sabe que su jornada vital está llegando a su fin. Se apresta a abandonar el teatro de la vida con la misma sencillez con la que ingreso hace 98 años. Sale de un hogar muy similar al que le recibió. Una familia sureña con generaciones de apego a la tierra a la religión Baptista y la santidad del matrimonio. Un hogar en que se respira paz y armonía y donde los textos bíblicos son parte de la tertulia diaria. En fin, un lugar en el que se acunaron los más excelsos ideales de paz y de concordia entre los seres humanos. Y las propiedades de esa institución fueron la fuente de inspiración de su servicio público.