PESTAÑA j23-almeria-barcelona-liga22/23 Crónica 4 El Barça volvió en Almería a su marco mental autonómico, que es al que exclusivamente pertenece como quedó claro con su impotencia cuando se cruza en Europa con los equipos serios. El Barça no deja de ser un abusón en la Liga, el típico matón de patio que tiene el triple de músculo y presupuesto que los demás y aún así es capaz también de hacer el ridículo ante los rivales menos relevantes. Partido de feria ambulante, destensado, sin gracia, cuyo mayor interés fue el de demostrar que Florentino tiene razón con la idea de la Superliga, porque cuando el rival no es importante, tú te vuelves no importante, el fútbol no es importante y todos perdemos las ganas, la paciencia y el dinero. Aburrida tarde invernal, sin esperanza general, ni ganas de nada concreto tras la humillante eliminación de la Europa League . Aunque lo más humillante no fue la derrota en sí, sino el hecho de que Xavi deslizara que la eliminación iría bien para concentrarse en la Liga. Es un pensamiento de persona menor, de equipo menor, y de deportista que no merece ser considerado de élite, sobre todo en un club que por lo menos en el pasado solía aspirar a todo y no renunciaba a nada. El Almería sé le medía al Barça en todo, y sin problemas ni complejos, incluso con una cierta superioridad. Tenían tanto mérito los andaluces como demérito tenía el juego vulgar visitante. Xavi gesticulaba en la banda como si aún creyera que la Liga es un torneo importante. Como dice Felipe González, uno que sólo sirve para ser alcalde de su pueblo probablemente tampoco sirva para ser alcalde de su pueblo. Daba apuro ver tanta motivación en Xavi por una competición tan devaluada y cuando además vienes de que un United a medio gas te recuerde que no alcanzas ni para estar en los octavos de final de los segundones. Ferran Torres volvió a tener su oportunidad y volvió a resultar decepcionante . En el minuto 23, el Almería se adelantó en el marcador con un gol de El Bilal Touré que no solo destacó por su bella ejecución sino porque reflejaba lo que se estaba viendo en el terreno de juego. A partir de ahí el partido se convirtió en un intercambio de golpes algo más entretenido de ver. COMPONENTE Ficha Crónica 2301811 El Almería pudo marcar el segundo y el Barça pudo empatar. El Almería ponía todo el entusiasmo de la tarde aunque especulaba demasiado y esto normalmente se paga. El Barça no hacía gran cosa, pero daba la sensación de que en cualquier momento podía tener una ocasión y aprovecharla, aunque realmente no lo merecía por el triste fútbol que estaba practicando. Mal partido de Xavi , que no encontraba el revulsivo. El Barça no estaba. Salió como a pasear durante la primera parte. El Almería no necesitó ninguna exhibición para ir ganando. En la reanudación Raphinha entró por Kessie y el Barça pareció jugar con otro aire, pero francamente despistado, como en merecida amarilla que vio Raphinha por pedir la barrera en una falta y luego servirla sin esperar a que se formara. El Almería trataba de perder tiempo en cada jugada, y el Barça trataba de simplificar al máximo su juego, para ver si un golpe de suerte hacía más por el empate que sus luces apagadas. Poco a poco cuajaba la sensación de que el marcador podía equilibrarse aunque las acciones ofensivas del Barcelona no tenían gran peligro más allá de centros laterales intrascendentes que el Almería se sentía relativamente cómodo defendiendo. Era el minuto 65 y el Barça aún no había ayudado entre los tres palos. Araujo entró por Éric García y Marcos Alonso por Jordi Alba . Un Barça desordenado, poco profesional, que no sabía encontrar ni el tono ni la actitud para afrontar la tarde se dejaba hacer de todo por uno Almería que tampoco es que fuera capaz de hacer gran cosa. El 2 a 0 parecía conceptualmente imposible pero los de Xavi estaban tan desorientados que cualquier apuesta sobre lo que iba a suceder era temeraria. Puestos a no saber qué hacer Xavi dio una oportunidad a los jovencitos Pablo Torre y Ángel Alarcón , que entraron por Busquets y Sergi Roberto. El intento, un poco a la desesperada, no acabó de funcionar porque el Barça, con las prisas, se precipitaba, no confiaba en su talento, y no elegía bien las jugadas. El equipo topaba una vez más con los límites de su realidad mediocre, no tanto por la falta de calidad como por la falta de carácter y dignidad del club en general, desde el presidente al entrenador, pasando por los jugadores. Perder en Almería no fue un accidente sino más bien la metáfora de una derrota estructural, cocida al fuego lento por tantas cosas que en este club se están haciendo muy mal.