El filósofo Jeremías Bentham escribió que «la naturaleza ha colocado a la Humanidad bajo el gobierno de dos amos soberanos, el dolor y el placer. Sólo a ellos les corresponde señalar lo que debemos hacer, así como determinar lo que haremos». A partir de esta noción, la mayoría de las teorías de la motivación y el comportamiento consideran que el dolor, el sacrificio y el esfuerzo son elementos disuasorios, mientras que el placer es un incentivo o recompensa. Sin embargo, los psicólogos sociales han descubierto en los últimos años que hay circunstancias en las que la gente está dispuesta a realizar sacrificios importantes para ayudar a otros. Esto es lo que se ha dado en llamar ‘el efecto martirio’, ya que involucra a personas que sufren por una causa en la que creen. Que la gente se esfuerce por renunciar a un beneficio contrasta radicalmente con las ideas que sustentan el modelo laboral estándar. Este asume que el trabajo es una fuente de sacrificios (desutilidad) y que la gente solo trabaja para obtener recursos, no para cederlos a otros. El efecto martirio, sin embargo, formaría parte de los llamados ‘puzzles hedónicos’, aquellas situaciones en las que las personas huyen del placer y buscan el dolor. Ocurre, por ejemplo, con la afición a la comida picante o a ciertos deportes como el triatlón o las carreras de montaña. Las principales investigaciones sobre el ‘efecto martirio’ las ha desarrollado Christopher Y. Olivola, actualmente profesor en la Universidad Carnegie Mellon. La evidencia muestra que la perspectiva de soportar el dolor y esforzarse por una causa social puede aumentar las contribuciones a la misma porque estas adquieren un simbolismo especial que resulta gratificante. Uno de los experimentos más sencillos que realizó tenía que ver con la recaudación de fondos para causas como el terremoto de Kobe o el huracán Katrina. A los donantes se les ofrecía participar en un picnic o en una carrera de 8 kilómetros. La mayoría de las personas prefirió la carrera. En otras palabras, las personas están más dispuestas a participar en eventos de recaudación de fondos que supongan sacrificio y esfuerzo porque la perspectiva de sufrir hace que sus donaciones parezcan más significativas. Otro experimento concluyó que la naturaleza de la causa benéfica modera el efecto del martirio. No es lo mismo recoger ayuda para pagar un viaje de fin de curso que para costear un tratamiento médico. En el efecto martirio también influyen nociones culturales. Está demostrado por otros estudios que las personas valoran más aquellas cosas que les ha costado más conseguir que las logradas sin esfuerzo, lo cual contradice el principio de que los bienes han de ser valorados al margen de la forma en que se obtuvieron. Del mismo modo, cuanto más duro es el proceso de admisión en un grupo determinado, mayor es la satisfacción que proporciona pertenecer a él, lo cual validaría en cierta forma la afirmación de Marx (Groucho) de que nunca pertenecería a un club que lo admitiera como miembro. [email protected]