PESTAÑA j21-realmadrid-elche-liga22/23 Crónica 4 El Madrid se presentaba sin Vinicius, con una izquierda reconstruida para, en lo posible, no echarle demasiado de menos. Ceballos hacía de Kroos, muy atrás; Alaba de lateral y Rodrygo de extremo interiorizado, más dentro del área. Benzema aparecía o se paraba en cualquier recodo de la banda, como una corista apoyada en la escalera. Esa banda, tal que así, convencía, pero el gol llegó por la derecha. El interior, Valverde, se exteriorizó y el extremo, Asensio, se fue adentro y allí hizo la gran jugada que siempre se le pidió : inicio su clásica diagonal pero dio un paso más (en regate) y alcanzado ese impulso vertical, ese entrar, romper, esa (perdón) penetración, tuvo la delicadeza de colocar bien la pelota. Pero lo raro, lo rompedor fue ese paso de vertical ambición que convirtió lo de siempre en otra cosa. COMPONENTE Ficha Crónica 2301794 Parte del gol era culpa del Elche, que había salido a defender en el centro del campo con una dignidad posicional un poco exagerada. ¿Qué hacía el último de la tabla tan arriba? Son las cosas raras del fútbol moderno por las que el pobre trata de jugar como el rico. Es un fútbol que parte de esa mentira o de esa ilusión absurda de que todos pueden jugar a lo mismo. En el Madrid había piernas y alegría. Camavinga y Valverde parecían ansiosos por el contragolpe y con ellos el mediocampo estaba siempre a punto de la estampida. Militao, de vuelta, intentaba ese pase suyo que es una ‘banana’ desde el puesto de central, una curva en la que invade, desde ahí, la jurisdicción del lateral… El Madrid descubría lances nuevos: Camavinga en el primer toque o los pases descubridores de Ceballos , dando, desde el puesto de Kroos una nota más ‘jonda’. El Madrid jugaba bien. Los que perdieron la forma (Valverde), la recuperaban, y los que no la tuvieron nunca, como Ceballos, la encontraban. Hay más rotación, más posibilidades , hay hasta un centro del campo nuevo, complementario y, de quererlo el míster, también alternativo. El Madrid ha cambiado la piel en este invierno, que es lo que se le pide a este tramo tan duro de la temporada. Una jugada sin más, por donde Carvajal, acabó en un penalti que marcó Benzema de forma indubitada. Al poco, llegó otro. Una jugada con cosas excepcionales que pasaron muy rápido: un robo muy alto de Camavinga, y un regate finísimo de Rodrygo, que provocó un penalti que Benzema volvió a marcar , a la caza ya de Cristiano como gran goleador del Madrid, ambición respetable aunque un poco herética. Rodrygo estaba donde Vinicius, pero más en al área y el efecto era que el Madrid jugaba con dos puntas, como en aquel 4-4-2 que alguna vez hartó y ahora echamos de menos, porque los sistemas vienen y van como las modas. Tuvieron varias ocasiones y fue curioso comprobar que de extremo ‘introvertido’ , Rodrygo no se entendía tanto con el lateral como con el interior. Otro diálogo, otro dúo, quizá más de cámara. Como pivote, Camavinga no jugó su mejor partido, pero sí fue el partido en el que dejó una sensación más clara de estar hecho al sitio. El Madrid estaba de dulce, todos bien , con un juego armonioso y alegre y los cambios se tornaron en ovaciones. Todos cobraban. Las figuras, los jóvenes y la clase media, que son ‘los renovables’, como en un título de película de Ozores. Modric, celoso de todas las ovaciones posibles, marcó un golazo por la escuadra previo suministro de Camavinga, verde de tanto ‘tackle’ , lorquiano de segadas. Goleada madridista y el logro no menor de la puerta a cero, una pequeña proeza psicológica a la que contribuyó la debilidad más bien lastimosa del Elche. Hace diez años , las crónicas se esforzaban por contar el primer Madrid de Ancelotti, convertido ahora en una leyenda. En esa década, ¡cuántas cosas han cambiado! El Madrid abriría su ciclo de plata con cinco Champions; el tiquitaca iría perdiendo su hegemonía y el fútbol se haría más rico y diverso; más físico también, cada vez más veloz, con Mbappé de emblema y obsesión; el fútbol cambió, también los ‘enemigos’, nuevas potencias y el poderío de la Premier, que solo podría ser vencido con una revolución que llega a entreverse, como se anticipa, justo hoy, con la noticia del pago culé a un cargo arbitral, el gran pozo de nuestra corrupción… En diez años ha cambiado el fútbol, que parecía siempre el mismo. Preocupado el plumilla en la escritura de lo siempre-igual, cuántos goles, jugadas o regates se quedaron mudos, sin cantar. Apresados en el corazón.