En estas y otras cosas similares podemos ocuparnos los ciudadanos, pues sentarnos a esperar soluciones mucho más trascendentales que deben proveer el gobierno central y los gobiernos municipales hará que pronto no deseemos otra cosa que “refugiarnos” en casa
Un querido amigo, y gran jurista, don Marcos Ibargüen Segovia, me inspiró a escribir hoy sobre el tema del caos vial y otros suplicios, cada vez más palpables, de nuestra gran metrópoli.
Venía de caminar luego de alguna reunión fuera de su oficina, y me lo encontré justo cuando terminaba su periplo peatonal. Atravesar una calle le tomó más de diez minutos, y eso que, además de sus grandes dotes intelectuales, es un muy buen deportista. Es decir, ni corriendo a toda velocidad podía sortear la estampida vehicular hasta que por fin, un remiso semáforo le dio prioridad a los caminantes.
Llegamos a conversar sobre las cosas lindas que tiene nuestra ciudad, pero lo poco que se pueden disfrutar por tantas diversas razones.
Esta experiencia refleja muchos aspectos de nuestra urbe. Conozco personas que promedian 5 horas diarias, o más, entre la ida y vuelta al trabajo. Como esto definitivamente afecta la llamada “calidad de vida”, pues quizás sea mejor que lo relacionado con el “urbanismo”, lo veamos como un asunto público donde todos, principalmente, las autoridades locales, tomemos cartas en el asunto. Acá, una lista tipo “popurrí”” de temas que me provocó la conversación con Marcos: a) en cuanto al notorio crecimiento del parque vehicular, pero especialmente el de las motocicletas. ¿qué impacto tiene esto en nuestro sistema hospitalario? ¿cuánto más se han llenado las salas de emergencias?; b) ¿qué tan bien preparados están quienes dirigen el tránsito? – pues he visto agentes en diversos puntos de nuestra mega urbe que prefieren darle la espalda al caos vial, o peor aún, darse por vencidos y retirarse de su puesto; c) ¿cuánto del problema lo creamos los conductores al no ceder paso o no tener cortesía al prójimo vehicular? – los accidentes de tránsito por batallas de circulación, terminan colapsando las pequeñas y vetustas calles – ; d) ¿podríamos buscar una “ciudad referente” (“benchmark”) con medidas eficaces para reducir parcialmente el parque vehicular diario (placas que no circulan “x” días; compartir vehículos; etc.); ¿cuándo vamos a empezar?; e) ¿podrían las estaciones de radio, por ejemplo, hacer una campaña de educación para que las miles de horas invertidas en movilización tanto en transporte público como en vehículos particulares, las personas pudieran aprender otro idioma?
En estas y otras cosas similares podemos ocuparnos los ciudadanos, pues sentarnos a esperar soluciones mucho más trascendentales que deben proveer el gobierno central y los gobiernos municipales hará que pronto no deseemos otra cosa que “refugiarnos” en casa, lo que obviamente no es una opción. Por supuesto, el problema del tránsito o movilidad no es el único que incide en el urbanismo que añoramos (¿gozar la ciudad y vivir en paz lo más posible?), pero como que hoy por hoy, ya ocupa lugar prioritario.
Quizás para darle más contenido a esta extraña columna, en la cual he evitado lo más posible los lamentos, dejo recomendado acá un estudio coordinado por CEPAL sobre el tema: Congestión de Tránsito. El Problema y cómo Enfrentarlo
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