Festival juvenil del Madrid

PESTAÑA alahly-realmadrid-mundialclubes2023 Crónica 4 El partido tenía, para empezar, el aliciente de no jugarse en España. Esto garantizaba civismo, deportividad, un arbitraje no psicodélico y ausencia de sadismo en el lateral derecho. Era, sí, una posibilidad de que el público internacional mimara a Vinicius, víctima del cerrilismo ibérico. Lo hicieron. Gritaba su nombre con cariño: «Vinicius, Vinicius». En el extranjero no leen ni escuchan a nuestros periodistas deportivos. El Madrid tenía una alineación curiosa: los tres medios titulares tenían un suplemento de mediocampismo con Valverde en el extremo derecho y Camavinga en el lateral izquierdo. Eran como dos alas que a veces llevaban el dibujo a algo cercano a un 3-5-2. Era un Madrid fuerte, poderoso, Modric quería pisar área y el equipo se esforzaba en una presión acusada en la salida del juego cairota, como revelando, justo ahí, con precisión de acupuntor, su ingenuidad y su gran ternura. Porque era su punto débil. Al ataque llegaban, sobre todo, por el ala diestra, Elshatat, y Lunin tuvo que hacer una buena parada en el minuto 31. Incidía ese punzante extremo en la zona muerta de Camavinga, quien tenía que subir y bajar mucho trecho, más como carrilero que como lateral. El ataque del Madrid explotaba el robo y allí aguijoneaban Vinicius, como siempre, y Rodrygo, que tiró al palo en el 26 tras una jugada de fenómeno (fenomenal, por tanto) en la que fue recto al área, dribló puro y elevó: una recta, un seco quiebro y el toque sutil, como una concentración de metal, sonido y pluma. El predominio de la izquierda se compensó a final de la primera parte con Valverde, que ya empezaba a carburar, pues tiene un rendimiento como de motor de explosión y ritmos de pistones puestos de acuerdo… ¡Pistonudo Federico! Fue bueno esa mezcla de áreas, pero la mina del juego estaba en el robo temprano y ahí, en el 41, salió el chorro de petróleo, encontró Vinicius el yacimiento al robar al defensa y picar sereno ante el portero con esa cucharita que le sale perfecta, un toque ya tan suyo como la trivela o exterior. Vinicius hizo estallar en júbilo al respetable y en su celebración se percibió que ya no había baile sino rabia o, al menos, reivindicación personal. Sería, en cierto modo, un triunfo del encanallamiento antivinicius: que su instinto primero no sea ya la samba sino el gesto enrabietado. Le están convirtiendo en un carácter, jugador de época (de una generación, al menos) en el que asoman Juanito, Raúl y Cristiano, que no tenían más fuerza mental que él, con todo lo que eran. Muy pronto se vio, tras el descanso, que el Madrid podría disfrutar del contragolpe como principio de placer. Un pase interior de Modric, que dejó solo a Rodrygo ante el portero, lo remató Valverde llegando como un tráiler desde atrás; un gol que certificaba los avances apuntados. El partido parecía en ese momento una feliz noche internacional del Madrid y hasta se podía disfrutar del espectáculo de Vinicius; corría desencadenado, libre del abuso, aunque también le birlaron un penalti. Camavinga lanzaba su juego, pero también tenía que defender al peligroso Elshatat, al que hizo un penalti de tosquedad defensiva. Los cairotas se fueron con determinación al ataque, se sintieron vivos y el partido se le complicó al Madrid porque además tampoco dominaba. Presionaba el Al Ahly y el mediocampo madridista parecía avasallable, jadeantes Kroos y Modric. Entró Ceballos por el primero, pues tampoco había mucho más de lo que echar mano y Lunin tuvo que mover de nuevo las manoplas por un ataque egipcio. En las Intercontinentales se sufre, pero cabía preguntarse si no era ya muy fea la incapacidad del Madrid para coger el partido por la pechera. Entre Nacho y Valverde, nuevamente titánico, empujaron al Madrid, lo llevaron arriba y en una aproximación, Vinicius ganó un penalti entre cuatro piernas rivales. Se fue al VAR el árbitro y al volver, con el suspense, el público comenzó a cantar una ola de júbilo previo, como si fueran a cantar lo que rima con ‘ladrón’; le sacaron así humor y gracia al irritante VAR: el penalti se pitó, lo lanzó Modric y se lo pararon. La entrada de Ceballos, de todos modos, revitalizó a Modric en esos minutos, como si le empujara simpáticamente por los riñones. Ya no sufrió el Madrid y Ceballos, que mejoró al equipo, bordó una pared con asistencia de tacón a Rodrygo, que primero pasó a la remanguillé y luego amagó al portero con desmayo y flema, como si mostrara una dimensión nueva y temible de su clase técnica. Habían marcado los jóvenes y nada más entrar (no estaba Asensio) marcó el zurdísimo Arribas, que ya tardaba en jugar con los mayores. En lo internacional y lo juvenil volvió a disfrutar el Madrid.

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Author: Pablo Perez