Una de las peores tragedias del Mediterráneo, que dejó en las costas de Calabria al menos 62 muertos y decenas de desaparecidos , ha servido para que, casi de repente, los italianos y seguramente también los europeos hayan descubierto la nueva ruta migratoria que parte desde Turquía hacia Italia. Es una ruta mucho más cara que la del Mediterráneo central, procedente de Libia y Turquía, y mucho más peligrosa, porque hay menos vigilancia y no existen barcos de las organizaciones humanitarias que realizan rescates. Código Desktop Imagen para móvil, amp y app Código móvil Código AMP 1120 Código APP Los supervivientes del viejo pesquero turco de 20 metros de eslora, en el que se hacinaron unas 200 personas, han manifestado que habían pagado 8.000 euros por el billete, por un viaje de 1.200 kilómetros y cuatro días de navegación que acabó en tragedia. En poco tiempo, las llegadas de inmigrantes a Italia desde Turquía se han duplicado. Varios son los factores que incentivan a los traficantes de seres humanos la elección de esta ruta. Ha influido la toma de poder en Afganistán por los talibanes en agosto de 2021. Además, tras el pago de 6.000 millones de euros de la UE al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan , para frenar la salida de migrantes hacia Grecia, los traficantes dirigen sus viejas embarcaciones, llenas de personas como sardinas en lata, hacia el mar Jónico de Italia, en las regiones de Calabria y Apulia. Noticia Relacionada INMIGRACIÓN estandar No Rescatada una patera con 75 personas y 9 menores en aguas de Canarias Laura Bautista La embarcación, que llevaba a bordo migrantes de origen subsahariano, ha sido encontrada a 111 kilómetros al sur de la isla de Gran Canaria En estas costas, en meses pasados llegaron algunas grandes embarcaciones a vela, que manejaban traficantes rusos y ucranianos. Eran conocidos como viajes en «primera clase», por los que se cobraba a cada inmigrante unos 10.000 euros por billete a los adultos y 4.000 a los niños. Pero a la vista del viejo pesquero turco que naufragó el domingo en Calabria, todo hace suponer a los expertos en migración que ahora se realizan los viajes en barcos que no ofrecen ninguna seguridad, cobrando menos dinero, pero hacinando cientos de pasajeros. La ley de la oferta y la demanda también vale desgraciadamente para la inmigración. Se teme que aumenten estos viajes tras el terremoto que ha devastado territorios de Turquía y Siria. La ruta desde Turquía la realizan migrantes de diversas nacionalidades, fundamentalmente afganos, iraquíes, paquistaníes y sirios. Muchas son familias que huyen de escenarios de guerra o donde los derechos humanos son pisoteados. Hay datos que muestran que no hay muros que puedan impedir los flujos migratorios, porque los traficantes de seres humanos siempre encuentran nuevas rutas. Muros inútiles Tras levantarse un muro entre Turquía y Grecia, se redujeron gran parte de los desembarcos en las islas griegas, pero muchas embarcaciones partieron sobre todo desde Esmirna, ciudad turca del Egeo, directamente hacia Italia. Así lo indican los datos de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex): en el año 2022, más de 29.000 inmigrantes realizaron la ruta del Egeo; de ellos, 18.000 desembarcaron en Italia. Solo uno de cada tres pasó por territorio griego, para intentar después continuar por tierra hacia Europa a través de los Balcanes. El incremento de los desembarcos en Calabria ha aumentado de forma espectacular en los últimos años, ante la indiferencia prácticamente general. En 2022, solo en esa región desembarcaron 18.000 personas, el 15 por ciento del total de llegadas a Italia, el doble de las 9.600 de 2021 y nueve veces más que las 2.500 de 2020. El Gobierno de Giorgia Meloni prometió desde el inicio de su mandato controlar y disminuir la inmigración. Pero se enfrenta a la realidad de un fenómeno muy difícil de contener: los desembarcos se han triplicado con el Gobierno Meloni. Desde principios de este año, han llegado a las costas italianas más de 12.000 inmigrantes. Según los datos de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex), en el año 2022 más de 29.000 inmigrantes realizaron la ruta del Egeo; de ellos, 18.000 desembarcaron en Italia Ni el mal tiempo del invierno frena su salida. Solo el 18 de febrero desembarcaron 2.378. El ministro del Interior, Matteo Piantedossi, ante la tragedia del domingo en Calabria, destacó un cierto resultado positivo en el control de la inmigración, aunque tuvo que reconocer que los desembarcos parecen imparables: «Entre Túnez y Libia, desde que este Gobierno está en funciones, han sido interceptadas y devueltas 24.000 personas, y han llegado 14.000». Mientras el Gobierno Meloni habla de la defensa de los confines, sobre todo frente a los inmigrantes de carácter económico, las organizaciones humanitarias ponen el acento en que los prófugos de la ruta turca huyen de situaciones dramáticas. Así lo explica Flavio Di Giacomo, portavoz de la Organización Internacional de Migraciones: «Quienes llegan por esta ruta turca huyen de contextos dramáticos de guerra y privación de derechos humanos. Esperamos que las grandes manifestaciones de solidaridad con el pueblo afgano de hace un año y medio no se desvanezcan ahora. Se habla demasiado de la defensa de las fronteras, pero no se trata de personas de las que hay que defenderse, sino de personas desesperadas por proteger. Y el enfoque solo puede ser humanitario».