La propuesta de Podemos sobre el tope a las hipotecas , recogida en una proposición de ley de septiembre, es perfectamente irrelevante: consiste en que durante un año los bancos ofrezcan a las familias vulnerables con hipotecas a tipo variable pagar el euríbor más un 0,1%. La idea quedó superada por el código de buenas prácticas que han suscrito las entidades y que contempla que las familias con dificultades sólo paguen los intereses durante un tiempo, pero sigue causando ruido. El debate siempre se centra en lo que hay que pagar (precio o cuota) y no en el acceso al crédito. Tras el estallido de la burbuja, el edificio hipotecario -formado por reglas que en algunos casos venían del franquismo- cambió radicalmente y no por iniciativa de España. El Tribunal de Justicia de la UE tumbó cláusulas que consideró abusivas y criticó el procedimiento de ejecución hipotecaria, facilitando la introducción de la dación en pago. El sistema era extraordinariamente favorable para la banca, incluyendo garantías personales, pero esto hacía que el crédito fluyera con facilidad incluso a personas con rentas muy bajas. Teóricamente estos cambios han debido tener un impacto en el acceso al crédito. Cuando los jóvenes se quejan de que ellos no pueden comprar una vivienda, pienso en esto. Es cierto que todas las generaciones se han encontrado con dificultades. En la década de los 90, los más afortunados empezaban comprando fuera del anillo de la M-30 para desde ahí ‘asaltar’ barrios más céntricos décadas después. Y los que no podían conformarse con pocos metros se iban a Móstoles, Alcorcón o Tres Cantos. Y los tipos de interés estaban en el 16% con una inflación del 9%, es decir, un 7% de interés real. Sin embargo, es cierto que hoy los jóvenes no tienen al sistema actuando a su favor. Los de antaño teníamos las deducciones por vivienda que Cristóbal Montoro eliminó en 2013. Es cierto que dicha deducción se traspasaba casi completa al precio de la vivienda y que el FMI pedía su abolición todos los años, pero la famosa deducción aumentaba la rentabilidad financiero-fiscal de las cuentas de ahorro vivienda que hoy casi no existen debido a los tipos de interés negativos. Esas cuentas permitían ahorrar la entrada de un piso. Hoy, cuando hablas de la compra de vivienda con los jóvenes, de lo que más se quejan es de lo difícil que les resulta ahorrar ese 20% del valor de una vivienda que el crédito hipotecario no cubre. MÁS INFORMACIÓN Efecto no calculado El Banco de España como campo de batalla Es un enorme error que ni la banca ni el Estado sean más agresivos ofreciendo soluciones a estos jóvenes. La Comunidad de Madrid y tres bancos acaban de crear un programa -‘Mi primera vivienda’ – precisamente para facilitar el acceso a ese 20%, pero no es un programa generalizado en España. Se sabe que los jóvenes compradores de vivienda suelen formar familias y hasta tener hijos. Además, son mejores ciudadanos como demostró el trabajo ‘Incentivos y capital social: ¿son los dueños de vivienda mejores ciudadanos?’ publicado en 1998. La evidencia indica que sí lo son. [email protected]