Le toca hablar a los candidatos presidenciales
El 5 de septiembre de 1969, hace 53 años, se inauguró en la ciudad de México la primera línea del Metro, luego de 2 años de obra civil y más de una década de planificación. La capital mexicana empezó el siglo XX con 540 mil habitantes, y para 1964 ya sumaba más de 5 millones de almas debido a la intensa actividad económica, lo que hizo necesario el transporte masivo, que surgió por parte del Gobierno con un acuerdo y préstamo a treinta años con empresa y banco franceses. De entonces para acá, ya son 12 líneas y millones de usuarios conectados de la capital y sus alrededores. En dicha urbe hay también transporte colectivo variado, ha sido un éxito el teleférico que aquí el Congreso ha dejado dormir 2 años a costa del alivio que demandan los ciudadanos, hay autobuses, micros, taxis y demás sistemas, y el tráfico sigue siendo intenso, por lo que los mexicanos aprendieron a vivir en la gran ciudad, se adaptaron, se desvelan y madrugan según la condición de su localización y destino. Vivir en una ciudad inmensa tiene grandes ventajas de oportunidad, y sus desventajas.
En los días que se inauguraba el Metro, en la ciudad de Guatemala éramos alrededor de 600 mil habitantes, según las referencias poblacionales del Banco Mundial (como la capital mexicana a principios de siglo; es decir, llevamos un rezago de entre 50 y 60 años). Desde entonces, el crecimiento de Guate ha sido exponencial, porque para 1980 se había duplicado la población, para el dos mil ya nos aproximábamos a los 2 millones de habitantes, y para el 2021 la misma fuente estadística reporta 2.9 millones. Fuentes locales dicen que en la ciudad conviven en un día laboral alrededor de 3.5 millones, entre vecinos y la carga flotante de trabajadores provenientes de los municipios vecinos, a quienes el Gobierno debiera de resolver la movilidad que distorsiona la vida capitalina con su ingreso y salida diarios, produciendo el tráfico del que se quejan los invadidos y los invasores.
Las cifras comparativas indican que ya estamos llegando a las condiciones que impulsaron a la capital mexicana hace más de medio siglo a saltar a un sistema de transporte masivo, porque continuaremos aumentando, y cuando seamos alrededor de 5 millones no será posible el traslado en vehículos privados. Al Gobierno le corresponde resolver, como se hizo en México, y no dejar que cada Municipalidad luche por su cuenta aliviando un problema que es del Estado, y el Congreso entorpecedor debe hacerse responsable, porque el crecimiento urbano en todo el país no se puede contener.
La Antigua y Panajachel cobran parqueo o entrada a los visitantes, y en los caminos rurales de tierra, hay quienes piden por el paso a cambio del servicio de reparar con pico y pala los tramos dañados. Eso no sería lógico en la capital que reúne a ciudadanos de todo el país, ni se puede permitir más fragmentación social. Le toca hablar a los candidatos presidenciales.
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Méndez Vides
Escritor, ganador del Premio Latinoamericano de Novela Nueva Nicaragua 1986 y del Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo 1997. Autor de novela, cuentos y ensayos, y observador de la conducta humana.