El origen del Carnaval de Aquisgrán se remonta a los tiempos de la evangelización, pero en el siglo XVIII había perdido ya su carácter religioso y se transformó en una vía de escape de protesta. Con la ciudad ocupada por los franceses, comenzaron a aparecer disfraces que recodaban al uniforme del invasor y las presentaciones comenzaron a adoptar un tono burlón que con el paso de las décadas ha cristalizado en forma de crítica política. La diferencia entre este y otro carnavales es que son destacadas figuras políticas las que acuden a presentarse disfrazadas y escenifican monólogos en un tono ácido y explícito, ausente de sus discursos durante todo el resto del año. Por una semana, se aparca la corrección política para dar rienda suelta a los más jocosos juicios que quepa imaginar. Y el resultado no tiene desperdicio. Inolvidable fue la actuación de Annegret Kramp-Karrenbauer , a la que Merkel arrancó de la política regional para llevársela a Berlín a liderar un proceso de renovación desde dentro del partido, la CDU. AKK, como se resumía entonces en forma de sigla el nombre de la política conservadora, se presentó en Aquisgrán disfrazada de señora de la limpieza, kelly en el argot más actual, y pronunció un desternillante discurso sobre cómo todo lo que podía hacer, en el fondo, era esconder cierta basura debajo de la alfombra. También el candidato electoral y presidente de la CDU acudió en 2020 a ser investido con la ‘Öcher Jong’, Orden Local Contra la Seriedad Animal, y fue presentado por la Asociación del Carnaval de Aquisgrán, que data de 1859 y que concede tan distinguido galardón, como «un vino añejo, más bien un Bocksbeutel», en nada velada referencia a su panza prominente. Laschet describió la gran coalición con la que su compañera de partido, Angela Merkel, gobernaba en ese momento junto con los socialdemócratas, como «una especie de ONG que hay en Berlín» y se destapó como candidato: «A mí, en cambio, lo que me gusta es ¡gobernar!». Porque la condición sine qua non del Carnaval de Aquisgrán es una descarnada sinceridad que da lugar a declaraciones que los políticos y los partidos olvidan al día siguiente, como si aquí no hubiera pasado nada. Parón por el Covid Pero enseguida llegó la pandemia y el Carnaval de Aquisgrán hubo de suspenderse, dejando a los alemanes huérfanos de chanza. En la reapertura, los políticos han vuelto con más ganas, con ánimo de más chirigota. La ministra de Exteriores, Annalena Baerbock, arrancó la primera carcajada de la presente edición en cuanto se subió al escenario. «En realidad, había pensado venir disfrazada de leopardo», confesó el sábado pasado, cuando el Gobierno alemán apenas había empezado a superar la grave crisis generada por el envío a Ucrania de los tanques Leopard 2. Baerbock se entregó al sano ejercicio de la autocrítica y de reírse de uno mismo, asumiendo la incongruencia que un partido como el suyo, Los Verdes, ecopacifistas, estén rearmando el ejército y prolongando la vida de las centrales nucleares alemanas. A quienes reciben el ‘Öcher Jong’, se les mete en una jaula desde la que deben proclamar su discurso y demostrar que la merecen. Desde esta posición, Baerbock reconoció que, cuando comentó a su madre que recibiría el galardón, ella respondió: «no me lo explico, tú no eres graciosa para nada». Y a continuación aludió a divertidas anécdotas del día a día del «ménage à trois» que compone la «coalición semáforo», el Gobierno de a tres que encabeza Olaf Scholz y en el que las divergencias abundan por doquier, al igual que los motivos para aferrarse los unos a los otros. Compartió que «mis asesores de seguridad me han desaconsejado entrar en esta sala… una sala en la que están Armin Laschet (CDU), Friedrich Merz /CDU) y Lars Klingbeil (SPD) es una amenaza real», se sirvió del cotidiano lenguaje bélico que se ha apoderado su oficina desde que empezó la guerra en Ucrania. Finalmente determinó que «debemos comenzar a reírnos mucho de los hombres», ofreciendo una desconocida hasta ahora cara feminista del carnaval. Disfraz de bruja punk de Blancanieves Pero la comparecencia que más polvo político ha levantado este año ha sido la de la responsable de Defensa del Partido Liberal (FDP), Marie-Agnes Strack-Zimmermann, que se ha presentado disfrazada de bruja punk de Blancanieves de aires vampirescos y ha golpeado a diestra y siniestra. Se describió a sí misma como reina malvada que compite con un «rebaño enano que dio a luz a la masculinidad tóxica, se refirió al gobierno del que su partido forma parte como «coalición del fracaso» y habló del actual líder de la CDU como de un «insoportable enano de montaña». «Otro viejo blanco que cree que puede hacerlo mejor», amplió el chiste. Friedrich Merz estaba sentado entre el público y no se rió en absoluto. «Apariencia exteriormente burguesa, pero de corazón absolutamente malvado», dijo, «a cualquiera que haya huido de la guerra lo ridiculiza como turista social». Estaba haciendo referencia a unas polémicas declaraciones de Merz sobre la inmigración. «Si el nombre del niño es Alí y no Sasha, lo llama pachá en la escuela primaria. Y todos los activistas climáticos son terroristas para él. Pero si un príncipe nazi se vuelve demasiado salvaje, entonces el enano de repente se vuelve suave… aquellos que son cristianos deberían avergonzarse de él», rimó, en referencia a la tibia reacción de Merz al intento de golpe de estado de los nacionalistas de Reichsburger. Strack-Zimmermann siguió hablando sobre otro «enano del vodka Vladímir Putin, un claro caso para la copa de cicuta» y sobre el «enano canciller, que sufre amnesia severa», en alusión a sus lagunas de memora en el caso Cum-Ex. Pero para entonces el espíritu carnavalesco, que todo lo permite y todo lo perdona había, tocado techo. La CDU ha exigido a Strack-Zimmermann una declaración de disculpas.