No les tiembla la mano para el peculado

Cabalgan sobre el lomo de la injusticia

Tampoco se conmueven frente a un niño famélico. La desnutrición es un castigo severo, con secuelas a perpetuidad. Lo paradójico es que “el condenado” a padecerla, nada ha hecho para merecer semejante pena. Pronto cobrará conciencia, que su delito fue nacer en rancho pajizo, hijo de familia despojada de la tierra y que su vecino sea un fundo de agroexportación, que se apropia de tierra y agua.  Que su papá trabaja tres meses al año para el fundo, con jornada de doce horas diarias y gana al mes dos mil ochocientos quetzales, no tiene derecho a IGSS, ni prestaciones sociales. El resto del año, jornalea -cuando hay- por cuarenta quetzales diarios. Sin tierra está jodido, dice. Ahora, ya “logrado”, su papá le cuenta que la policía le persigue a pedido de la empresa vecina: exigió contrato y prestaciones laborales.

 

El condenado a la desnutrición, a sus siete años, ya trabaja, no logra entender bien, salvo que no irá a la escuela; tiene que ayudar a mamá a buscar yerbas para el almuerzo. Mamá y papá le cuentan, que no pueden ir al río a buscar peces, ahora, el río está cercado por la empresa y envenenado por insecticidas. Las yerbas y el agua quedan cada vez más lejos, el pozo de la casa se seco -la empresa con bombas mecánicas saca el agua de la tierra. El macuy y la acelga mueren por agrotóxicos. Sus padres dicen que cuando era muy niño y tenía hambre, mamá se la quitaba con café de tortilla. Casi nunca había frijol y que por eso cuando enfermó y lo bajaron al municipio, le dijeron que tenía baja talla y peso; que no entendería mucho. Ahora con diez años, se siente débil y algunos le dicen que es un poco tonto. Del gobierno, poco sabe, la gente en el mercado del sábado comenta, que solo sirve para robar. Que anda en muletas y que otra vez inauguraron la carretera a la aldea sin hacerla, que el alcalde tiene carro nuevo y ofreció traer para la feria a la “Internacional Conejos” lo cual le alegra.

Sobre el presidente, dice la gente que compró cuartos caros a sus hijos, casa a un ingeniero; tiene finca allá por el volcán, recibe mordidas de rusos, desaloja campesinos de su tierra y finge preocupación por niñez desnutrida. No tiembla, la fiscal es cuata. El condenado, a sus veinte años, se quita las penas con guaro y brinda por las progenitoras de presidente y taimado empresario.







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Helmer Velázquez

Abogado y Notario
Miembro del Secretariado de AEU en los años ´70
Asesor laboral y Director de Organizaciones no gubernamentales, nacionales e internacionales (Coordinación de ONG y Cooperativas -CONGCOOP- Mesa de ONG de América Latina, FORUS, Coalición Internacional por el Acceso a la Tierra)
Estudioso del desarrollo rural y los movimientos sociales del campo. Abogado asesor de organizaciones campesinas y sociales. Aspirante a político dentro del movimiento democratico.

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Author: Maria Suarez