El testimonio de la gimnasta María Añó en ABC ha conmocionado al mundo de la rítmica en España, que ve cómo se destapa uno de los grandes traumas de ese deporte, el del trato que reciben las chicas, la gran mayoría de ellas menores de edad, durante el largo camino hacia las competiciones de élite. Añó refirió con horror episodios de malnutrición, acoso psicológico, maltratos y vejaciones públicas. Pese a que no llegaba a los 38 kilos de peso, denuncia que le llamaban «gorda y celulítica», y que era obligada a no comer ni beber para «bajar 200 o 300 gramos» La crudeza de su declaración la personificaba en dos personas, madre e hija. La primera, propietaria del club de Benicarló, en Castellón, donde desarrolló la mayor parte de su carrera. La segunda, además, entrenadora contratada por la Federación Española de Gimnasia, es quien la acogió también en el Colonial Sport de Valencia, el club donde iban las niñas predestinadas a competir con la selección española. Es esta última la que resultó sancionada e inhabilitada durante dos años después de que Añó denunciase ante la Federación todos los episodios de maltrato. ABC se ha puesto en contacto con la entrenadora señalada, Blanca López Belda, pero no quiso dar su versión. «No vamos a dar más contenido a esta cuestión; actuamos y actuaremos en vía judicial», se limitó a decir su abogada. Han llevado el caso a los Juzgados de lo Central Contencioso Administrativo, y alegan que la inhabilitación es una sanción administrativa, nula de pleno derecho, impuesta por el Tribunal Administrativo del Deporte. Sin embargo, tanto la entrenadora como el club al que pertenece han ofrecido su punto de vista en redes sociales. Ahí explican las motivaciones que encuentran en la denuncia de Añó y las relacionan con varios episodios de indisciplina de la deportista que la llevaron a ser retirada del equipo de la selección que entrenaba en Valencia. Sin embargo, Añó ha aportado a ABC un certificado de la Federación Española, con fecha del 19 de enero, en el que se corrobora que nunca ha sufrido sanciones disciplinarias. ««Tal y como constan en los archivos disciplinarios, María Añó no ha estado sancionada por el Comité de Disciplina ni ha tenido ningún positivo en los controles antidopaje», firma el secretario general. López Belda, al ser nombrada responsable del centro RFEG Colonial Sport RFEG En el perfil de Instagram de la entrenadora sancionada hay numerosas frases en las que explica su verdad, y carga contra la actitud de Añó y su entorno. Son frases de hace seis semanas, posteriores a la inhabilitación: «En la élite se necesitan recursos mínimos para llegar pero, sobre todo, tener deportistas educados, disciplinados y autoexigentes. No todos valen ni para gestionar proyectos de élite ni para dedicarse al deporte de alta competición. Y por mucho que los entrenadores pasemos horas y horas con los gimnastas, nosotros solo podemos reforzar y consolidar una educación que viene de casa. Los padres educan libremente a sus hijos bajo sus ideales, valores y convicciones. Los entrenadores nos dedicamos a la formación y a la enseñanza y reforzamos aquellos valores que el deporte, a cualquier nivel, ofrece». Contrasta esta afirmación con las denuncias de Añó sobre cómo le forzaban los pies subiéndose encima de ella con los zapatos de calle, o cómo le negaban comer pollo en la cena cuando fallaba en las competiciones. Y contrasta también con las declaraciones hechas a ABC el pasado mes de octubre por Alejandra Quereda , actual seleccionadora nacional, que tenía muy claro dónde están los límites en los métodos de entrenamiento: «Se puede y se debe exigir, pero con respeto. Desde el primer día dejamos claro dónde están los límites, dónde llega el límite de la exigencia y dónde no se puede sobrepasar. Como deportista no nos hubiera gustado que nos lo hicieran, como entrenadora no voy a hacer lo que no me gustaría que me hubieran hecho». En esa entrevista, Quereda afirmaba que lo primero es denunciar y conseguir el apoyo de las instituciones: «Hay que hablar y ponerla en conocimiento de quienes puedan ayudarte. No es nada fácil, lo sé, eres vulnerable». En sus publicaciones, López Belda defiende su inocencia, e intenta poner como aval los más de 20 años que lleva dedicada a la gimnasia rítmica y las cientos de gimnastas que han pasado por sus manos sin que nunca se haya visto involucrada «en nada que se parezca a las graves y falsas acusaciones que se están difundiendo». «Hay gran cantidad de personas que pueden avalar mi inocencia y corroborar lo peligrosas que son las situaciones contadas fuera de contexto. Y, por supuesto, tergiversadas bajo el sesgo de la propia percepción», cuenta para defender su método de entrenamiento. ¿Y por qué no hablan esa gran cantidad de personas? «Por miedo», según el entorno de López Belda. Silencio administrativo El grito de socorro de María Añó contrasta con el silencio de las instituciones para valorar sus palabras. Empezando por la Federación Española de Gimnasia que, pese a los numerosos intentos para conocer su opinión, no ha encontrado el momento para contestar a ABC sobre el escándalo (ellos fueron los que abrieron expediente a la entrenadora tras la denuncia de la gimnasta), y siguiendo por la Valenciana (a la que la gimnasta acudió durante el proceso y no la hizo caso). Tampoco han aportado datos sobre las situación actual de la entrenadora. Añó ha denunciado también que, pese a la inhabilitación, la entrenadora sigue acudiendo a campeonatos de España en representación de su club con una acreditación de la RFEG. Tampoco el Consejo Superior de Deportes ni el Comité Olímpico Español entraron a valorar ayer el horror descrito por la gimnasta, apartada ya de la alta competición con apenas veinte años de edad.