Tarde o temprano Rusia pagará y rendirá cuentas por esta Guerra.
Son las gélidas temperaturas en estos meses en Ucrania, las cuales pretende utilizar a su favor el enfermo presidente de Rusia Vladimir Putin, para someter a la población civil y llevarla a la desesperación con intensos bombardeos para dejarlos sin calefacción y ya no solo sin electricidad y agua potable.
Luego del acuerdo mundial para suministrar los tanques y más armamentos solicitados por el presidente Zelensky, la reacción bestial y salvaje de los rusos confirma la necesidad y urgencia de la misma y marca una nueva ruta para solicitar con solvencia y justa razón aviones y misiles de mayor alcance.
Las atrocidades, el desprecio a la vida y el aniquilamiento de la población ucraniana, cínicamente publicitadas por el Kremlin en abierto reto a las creencias del mundo libre y la civilización Cristiana Occidental, marcan un punto de inflexión, pues no hay otro camino a estas alturas más que el de poner un alto a las pretensiones del disminuido hombrecito que por tener armas nucleares cree que puede pasar por encima de todos.
De igual manera la hipocresía de muchos que se enriquecen y amasan grandes fortunas a la sombra del dolor y la muerte de miles de hombres, mujeres y niños, sometidos a privaciones terribles y a daños psicológicos de dimensiones desconocidas.
La falta de solidaridad en momentos difíciles de la humanidad siempre ha estado presente y se ha pagado a un precio demasiado alto, para nadie es un secreto, pretender ocultarlo sería infantil, pero hoy más que nunca debemos continuar apoyando todas las sanciones y distanciarnos de pueblos hambrientos de odio y sangre.
Putin mantiene sus esperanzas en esa falta de solidaridad, juega a que el mundo libre se canse y aburra del tema, se olvide de las masacres y que la “fatiga política” como bien le han llamado, le brinde tiempo para lograr recuperarse de tanto fracaso en el campo militar y poder lograr su objetivo imperial con una nueva ofensiva a gran escala, la cual prepara con quinientos mil nuevos reclutas según fuentes de inteligencia.
El veinticuatro de febrero se cumple un año de la invasión a Ucrania y como bien dijera el Papa Francisco “el mundo entero está en guerra, en autodestrucción, ¡¡Detengámonos!!”
Los siguientes seis meses serán cruciales para tan valiente pueblo al que hoy más que nunca no hay que abandonar.
Tarde o temprano Rusia pagará y rendirá cuentas por esta Guerra.
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