Oscuro camino hacia la autocracia

Como se ha vuelto usual en la política nacional, en lugar de analizar el mensaje y tratar de sacar alguna conclusión provechosa al respecto, resulta más fácil deslegitimar al mensajero. Por no decir, como reza la frase metafórica “matar al mensajero”. Expresión que podría provocar malos entendidos. El mensajero en este particular caso es el Índice de la Democracia, preparado por la Unidad de Inteligencia de la famosa revista “The Economist”. En su versión para 2022, el referido informe califica a Guatemala como un régimen híbrido. Denominación que por sí misma no dice mayor cosa,  pero que cuando se analiza en su debido contexto resulta ser preocupante. Un régimen híbrido, dentro de la metodología de este índice, es la etapa previa a un régimen autoritario. Es decir, un país en donde se celebran elecciones regularmente pero graves irregularidades en el proceso no permiten calificar las mismas como justas y libres. En donde el gobierno ejerce importantes niveles de presión sobre los partidos y políticos de oposición. Países en donde existen graves debilidades dentro de la cultura política, el funcionamiento del Estado y la participación popular.  La corrupción tiende a ser generalizada y el Estado de Derecho es débil. El poder judicial no es independiente. La sociedad civil es débil y es común el acoso y presión sobre los periodistas. Tantito más y se estaría hablando de una dictadura. 

 

Según esta medición, Guatemala se encuentra  en el lugar 19 del ranking regional, superando solamente a Venezuela, Nicaragua, Cuba, Haití y Bolivia en su fortaleza democrática. Esto es, solamente por arriba de tres regímenes abiertamente dictatoriales, un Estado fallido y otro régimen en camino del autoritarismo. Deslucidos e incómodos compañeros de camino en este complicado viaje en busca de un sistema político que respete las libertades civiles y políticas, los derechos humanos fundamentales y a la prensa independiente. En donde funcionen los límites al ejercicio del poder, el poder judicial sea independiente y el gobierno funcione efectivamente. Más claro el mensaje, imposible. No obstante, no faltarán oficiosos defensores del régimen que pretendan deslegitimar al mensajero, The Economist, tildándolo de formar parte de la conspiración izquierdista financiada por Soros o ser comunista. Actitud que revela, precisamente, otra de las falencias principales de la región latinoamericana de los últimos tiempos: la hiper-polarización. Fenómeno que se agudiza durante las campañas electorales y que estamos a punto de experimentar en carne propia.







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Author: Maria Suarez