María Corina siempre ha sido mi sentimiento. No ella, sino lo que representa: libertad, trabajo fajado, riqueza. Lo que necesita Venezuela. Y hoy me emociona vivir cómo ella es, ya no un sentimiento personal, sino nacional. Lo vivo en cada rincón de mi estado Guárico. En los barrios de San Juan de Los Morros, como en Pedro Zaraza, las mujeres te lo dicen en dos platos: es la única que garantiza que vamos a luchar sin ser nuevamente traicionados. En las plazas de Calabozo y en los campos de Camaguán y Guayabal, tierras burladas por el chavismo en 24 años, lo plantean con determinación: ella es la única que da seguridad de fuerza para enfrentar y derrotar al chavismo. Maestros, campesinos, médicos, comerciantes, amas de casa, jóvenes. Desde Altagracia de Orituco hasta Valle de la Pascua, desde Zaraza hasta Chaguaramas. El sentir es uno: el socialismo se acabó. Y María Corina es la única que garantiza la transformación de Venezuela desde la raíz.