Transformar nuestra consciencia y nuestra conducta

Aunque hay muchas sociedades e individuos en el mundo que niegan el cambio climático, las evidencias son cada vez más contundentes.

El aumento en intensidad de los ciclones, el aumento en el nivel de los océanos, el aumento en la temperatura, el incremento en la temperatura del mar, la acidificación de los océanos, son realidades y efectos del calentamiento global que son irrefutables.

También es evidente que no hay planeta B y que el problema reside en que estamos saqueando los recursos de la tierra, como si fuéramos separados de la tierra y como si los recursos fueran infinitos. Se nos ha enseñado que somos seres separados de la Tierra y esto es falso. 

Hoy la ciencia nos demuestra que (al igual que plantas, animales, rocas, etc) estamos hechos de los mismos elementos químicos de la tierra. Somos 65 por ciento oxígeno.

También los textos sagrados hablan de que somos tierra. La Biblia dice: Dios nos instruye a “cultivar y cuidar” de la creación (Génesis 2:15).

El papa Francisco en la encíclica Laudato advierte: Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (Gn 2:7). “Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla y explotarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura”.

El budismo a su vez afirma que las personas somos inseparables de la naturaleza. Que todos somos un solo ente. El Dalái Lama indica: “Debemos desarrollar una sensación de responsabilidad universal”.

Con urgencia el papa Francisco nos llama a cambiar nuestros estilos de vida dado que los mismos son insostenibles para el planeta. “Se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables: residuos domiciliarios y comerciales, altamente tóxicos y radioactivos. La Tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”. “Porque todas las criaturas estamos conectadas, cada una debe ser valorada con afecto y admiración, y todos los seres nos necesitamos unos a otros”. Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios”. (Papa Francisco)

“Amar y cuidar la tierra” es muchas cosas, entre ellas, reducir nuestro consumo de plásticos, cada vez que compramos algo estamos haciendo un voto a favor o en contra de un sistema de producción, reducir nuestro consumo y nuestros desechos no solo es una moda, sino una responsabilidad humana.

Cada año 8 millones de toneladas de plástico entran al mar. En este siglo hemos producido más plástico que el siglo pasado, ello está destruyendo especies y alternando nuestros ecosistemas y nuestra salud. Nuestra salud y la del planeta son la misma.

Generar conciencia y conocimiento es una responsabilidad ética. Es cierto que no podemos cambiar el mundo, pero sí el pedacito que nos toca. 

Los datos científicos ya están ahí, esperando a que reaccionemos, a que tomemos las decisiones adecuadas; a que cambiemos nuestros modelos y hábitos de consumo. ¿Cuándo seremos capaces de comprender que para el planeta no son sostenibles nuestros hábitos de consumo? Lo que hagamos o dejemos de hacer nos revelará tal cual somos como especie.







En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclus iva de su autor y no representan la vi s ión de elPeriódico o la de su línea editorial.


Marcela Gereda

Antropóloga e investigadora de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. También es columnista de la revista Albedrío y de las publicaciones digitales de La Insignia.

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Author: Maria Suarez