Tyson Carter, un MVP exprés

La espera de 18 años del Unicaja culminó en Badalona. Una vida entera para muchos aficionados malagueños que, por fin, vieron a su equipo levantar un título. Un triunfo cimentado en la fe y la confianza en sí mismos, sobre todo cuando las cosas estaban más complicadas. Así sucedió también en la final, que dominaba con seguridad la batuta de Marcelinho Huertas hasta que Tyson Carter decidió darle la vuelta al marcador. Noticia Relacionada Baloncesto estandar No Landoure, el niño gigante de 2,11 que le ha dado la Minicopa al Real Madrid Emilio V. Escudero El equipo blanco remonta 16 puntos en la final ante el Barcelona gracias a la monstruosa actuación del pívot: 56 puntos, 33 rebotes, 5 tapones y 82 puntos de valoración El americano, que no había anotado un solo punto en todo el primer tiempo, que solo había tirado una vez a canasta en los dos cuartos iniciales, se destapó de repente con diez puntos casi consecutivos en los últimos tres minutos del tercer período. Pim pam pum. Una explosión inesperada que pilló por sorpresa a todos. Incluido un Txus Vidorreta que parecía tener todo controlado hasta ese momento. El escolta se convirtió de repente en un diablo con cara de niño. Un veneno sin antídoto. Porque siguió inspirado en el último cuarto, en el que sumó otros siete puntos para darle la victoria al Unicaja y encaramarse al MVP. «Esto es una locura. No me lo esperaba, pero estoy feliz de poder estar aquí», resumía al final. No lo esperaba, porque la mayoría de los votos, mediado el tercer cuarto, eran para Huertas. El base del Tenerife, a las puertas de los 40, se derrumbó con el bocinazo final. Sabía que estaba ante la que era, quizá, su última oportunidad de sumar un gran título y la decepción fue mayúscula. Su partidazo no tuvo esta vez premio, pero su actuación sirvió para engrandecer la gesta del Unicaja. El final del partido desató la locura en el banquillo verde. La alegría inmensa de Carter, aún humeante su muñeca, la dedicatoria familiar de Brizuela -increíble el torneo del escolta a pesar de tener a su hijo recién nacido en la UCI- y la felicidad de Alberto Díaz. Los dos últimos, héroes del oro de Berlín con la selección, fueron los encargados de levantar el trofeo al cielo de Badalona. Una imagen para la historia del Unicaja y de la Copa. La fiesta se alargó sobre la pista, con la grada coreando el himno del club junto a los jugadores, y después en el vestuario, donde corrió el champán.

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Author: Pablo Perez