Cabe mencionar aquí la acelerada penetración de las tecnologías en los últimos años, que han transformado la forma en que prácticamente se comunica todo el planeta.
La comunicación forma parte de la experiencia fundamental del hombre, pues le permite salir de sí mismo y relacionarse con el entorno que le rodea, con la sociedad donde ha nacido o donde ha elegido vivir. Desde el primer núcleo social, que es la familia, la persona percibe la necesidad que tiene del “otro”, para entenderse a sí misma y para desarrollar muchas de las capacidades personales, como el dar, el acoger, o el amar. Se trata de acciones personales que no podrían realizarse de forma aislada.
La comunicación, por tanto, resulta necesaria, y en esto cada individuo debe ejercitarse, pues, aunque se trata de algo inherente de su ser personal, surgen dificultades que en muchos casos le impiden hacerlo. Cabe mencionar aquí la acelerada penetración de las tecnologías en los últimos años, que han transformado la forma en que prácticamente se comunica todo el planeta. Algunos han afirmado que forman parte del estilo de vida de las personas, a tal punto que su uso es tan natural como el respirar. Y entonces podríamos pensar que se trata de una revolución que ha venido a impactar positivamente nuestras vidas, al mantenernos constantemente conectados con los demás; pero podríamos preguntarnos si, ¿realmente esto es así?, ¿la comunicación mediada por la tecnología nos hace más humanos? A propósito de este tema recordaba aquello que decía Zygmunt Bauman, haciendo referencia a una modernidad líquida, donde las conexiones virtuales suelen ser demasiado superficiales y breves como para llegar a formar un vínculo real, pues demandan menos tiempo y esfuerzo para establecerlas y menos tiempo y esfuerzo para terminarlas.
La conexión digital no basta para crear vínculos fuertes y estables entre las personas, sino que se requieren gestos físicos, expresiones, momentos de silencio y de reflexión que nos permitan conectar realmente con los demás, para dialogar. Además de evitar muchos de estos elementos que son clave en toda comunicación humana, gran parte de los entornos digitales acaban por favorecer el encuentro entre personas que piensan del mismo modo y donde no cabe la confrontación entre las diferencias, de manera que es difícil llegar a conocer la realidad de lo que ocurre. Muchas redes sociales son controladas de tal manera que predomina la opinión del más fuerte, y cualquier parecer contrario es criticado o amenazado, de tal forma que se anula la libertad de expresión. Se trata de entornos donde calan perfectamente las fake news o noticias falsas, que solo contaminan nuestras sociedades, que finalmente quedan desinformadas.
Por tanto, en una sociedad con un estilo de vida predominantemente digital, parece indispensable hacer el esfuerzo por reflexionar sobre ciertos elementos clave, como el contacto físico, las expresiones y los momentos de silencio, que contribuyan a un verdadero diálogo con el otro, de manera que nos permitan crecer humanamente y, a la vez, nos permitan transformar una sociedad donde puedan convivir las diferentes opiniones, y donde se busque transmitir la verdad.
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María José Vidales
Salvadoreña, publicista, doctora en Comunicación por la Universidad de Navarra | @MeryVidales