Aún estamos a tiempo de movilizarnos, de manifestarnos, de indignarnos, de salir a la calle, razones para hacerlo los tenemos a nuestro alrededor, cada vez más cerca de nos, la peor de las actitudes es la indiferencia, no podemos pasar de todo.
Quiero hacer un llamado a salir a la calle, no podemos seguir manifestándonos únicamente por las redes virtuales. No debemos tener miedo a hacerlo, hace poco en un chat de la colonia donde resido, una vecina publicaba lo siguiente: “Vecinos, no vayan a pasar por las cercanías del TSE, en la 6ta avenida y 1era calle de la zona 2. Hay manifestación y amenazas de posibles disturbios”, esta vecina se refería a la manifestación que el MLP había convocado para exigir la inscripción de su candidato a presidente y vicepresidenta. Ante lo cual mi reacción fue contradecirla e invitar a todos los/las vecinas a pasar y acompañar un rato para defender, entre todxs, la poquita democracia que aún tenemos y no hundirnos aún más en todo sentido. Obviamente, lo anterior generó un silencio incómodo en el chat, pero me hizo reflexionar en lo imprescindible que se vuelve para la humanidad, en estos tiempos, manifestarse y salir a las calles.
Afortunadamente, en algunas partes del mundo se están dando una serie de movilizaciones en la actualidad. Luchas que van desde los derechos laborales hasta la defensa de los territorios de las garras del extractivismo en sus distintas manifestaciones. Hay gente que ha comprendido que movilizarse es imprescindible para que cambien las cosas, recordemos que todos los derechos civiles y sociales de los que gozamos en la actualidad son el resultado de grandes manifestaciones y luchas de gente que se movilizó en el pasado. Por ejemplo, la jornada laboral de 8 horas, el contar con un seguro social, el que la mayoría de las mujeres puedan votar o se puedan divorciar, todo ello gracias a trabajadores, trabajadoras y mujeres que salieron a las calles a exigir esos derechos.
Recientemente, conversando con un querido amigo, me decía que nosotros/as sabemos que tenemos tales y cuales derechos, pero no los exigimos. Es decir, nos quedamos solo en la declaratoria de “tenemos derecho a…” pero no lo exigimos y mucho menos nos movilizamos para hacerlo posible. Y el encontrarnos, mirarnos, abrazarnos e intercambiar nuestros pensamientos en las movilizaciones nos hace sentir y descubrir que no estamos solos y solas, que formamos parte de una comunidad. Además de ser la única arma que tenemos “los de abajo” para presionar para que se produzcan los cambios necesarios para vivir mejor.
Quiero, queridos y queridas lectoras, llamarles a resistirnos a que la carrera por el éxito y el dinero domine nuestras vidas. Debemos indignarnos por la inseguridad y zozobra en la que vivimos, en nuestra historia hubo gente que luchó para conseguir lo que tenemos todavía ahora, pero toca defenderlo, mantenerlo y mejorarlo. No debemos permitir que nos lo arrebaten. Estoy en el norte del país, en tierras de las Verapaces escribiendo este artículo, y me he dado cuenta de que poco a poco nos arrebatan los bosques, los ríos, los caminos comunales, nuestras comidas, nuestra vestimenta, nuestros idiomas, pero también los derechos laborales, ni el mal llamado salario mínimo con prestaciones se paga en algunas fincas de por acá, mucho menos hablar de seguro social, derechos ganados a pulso por gente en el pasado. Aún estamos a tiempo de movilizarnos, de manifestarnos, de indignarnos, de salir a la calle, razones para hacerlo los tenemos a nuestro alrededor, cada vez más cerca de nos, la peor de las actitudes es la indiferencia, no podemos pasar de todo. ¡Es urgente que encontremos o redescubramos el potencial transformador de la movilización! ¡Vamos movilicémonos ya!
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La Cuerda
Asociación feminista que trabaja por la emancipación y el cuidado de la red de la vida.