Alerta roja, pronóstico reservado, al borde del precipicio. Cualquiera de estas manidas expresiones en la jerga bélico-deportiva encajan como anillo al dedo con la dramática situación y atmósfera de autodestrucción que vive el cuarto equipo por antonomasia del fútbol español. El Valencia CF sufre, desde la llegada del empresario singapurense Peter Lim a orillas del Mediterráneo en 2014, un incesante deterioro institucional, deportivo, económico y social que no deja de sangrar. La afición y el resto de la ciudad se han levantado contra la propiedad, a miles de kilómetros de la capital del Turia, mientras la guerra se disputa en dos frentes simultáneos: no caer al pozo de Segunda División y liberarse del yugo de un máximo accionista tan indescifrable como imprevisible. «Lim va a firmar la transacción económica más grande del fútbol mundial», exclamaba en 2014 su principal valedor y por aquel entonces presidente del conjunto ché Amadeo Salvo. Siete años después, el mismo dirigente reconoció que le mintió «a él y a todo el valencianismo». En aquella época, el multimillonario asiático se alzó vencedor de un turbulento y competido proceso de venta tras negociar con Bankia un acuerdo que incluía la compra de la mayoría accionarial, en manos de la Fundación Valencia CF, por un valor de 94 millones de euros. Nueve años después de su desembarco en Mestalla, el mal rendimiento deportivo y la deriva del proyecto que prometió ha permitido que por primera vez desde 1986 el club afronte una segunda vuelta en posiciones de descenso a la categoría de plata del fútbol español, situación que ha sido la chispa que ha hecho estallar la llama de la movilización contra el mandatario singapurense. En términos económicos, la etapa de Peter Lim al frente del club se ha saldado con un incremento de la deuda del club de 36 millones de euros hasta superar los 350 en total. El último balance anual presentado por la entidad valencianista arroja unas pérdidas de 45,8 millones de euros y desde que los directivos de Meriton ocupan la sala noble de la avenida de Suecia el déficit ha aumentado hasta los 180. Así, se trata de la séptima campaña del empresario asiático como máximo accionista que el club cosecha números rojos. Durante todo este tiempo, el singapurense ha concurrido a diferentes ampliaciones de capitales que le han llevado a ostentar más de un 90% del accionariado de la sociedad. Para la presente temporada, el Valencia ha presupuestado otros nueve millones de pérdidas pese a que prevé vender activos -futbolistas- por una cantidad superior a los 15. Noticias Relacionadas estandar No Fútbol Baraja coge el Valencia: Peter Lim pone el desastre en manos de un histórico D. V. estandar No Fútbol Grandes protestas contra Lim a las puertas de Mestalla S. D. estandar Si Fútbol Valencia, un lucrativo cortijo para Peter Lim y Jorge Mendes Jorge Abizanda estandar Si Fútbol De Peter Lim a Turki Al-Sheikh: el dinero extranjero que maneja el fútbol español Javier Asprón Desde que comprara la mayoría de títulos, ha desembolsado alrededor de 292 millones de euros. En la entrada y salida de jugadores, uno de los principales motivos de la merma de la entidad, Lim ha vendido jugadores por valor de 459 millones y ha gastado 527, de los que todavía tiene pendientes de pago 57. De acuerdo con los datos aportados por Transfermarkt, la plantilla valencianista ha pasado de tener un valor de 456 millones en 2019 -año en el ganó la Copa del Rey- a 150 millones en la campaña actual. Es decir, ha disminuido la tasación del equipo un 70% tras la marcha del entrenador Marcelino García Toral y el ejecutivo Mateu Alemany, ahora en el Barcelona. Por el camino, se han desprendido de grandes baluartes como Rodrigo Moreno, André Gomes, Dani Parejo, Gonçalo Guedes, Joao Cancelo, así como buques insignia de la cantera como Paco Alcácer, Carlos Soler, Ferran Torres o Kang-in Lee, por debajo de su potencial valor. La autodestrucción al que se enfrenta el club también se evidencia a nivel deportivo en diferentes hitos como la clasificación histórica de la Liga. En 2014, el Valencia era el tercer equipo español con más puntos desde inicios de siglo; ahora ya le superan el Atlético de Madrid y el Sevilla. De hecho, tres de las cinco peores campañas del conjunto de Mestalla desde su fundación han ocurrido con Lim en el palco. Todas ellas, marcadas con el sello de su socio y amigo Jorge Mendes, quien ha gestionado gran parte de las altas y bajas del club en los últimos años. Encallados en el nuevo estadio La caída libre del Valencia transcurre a una velocidad diametralmente opuesta al reinicio de las obras del nuevo estadio de Mestalla, cuyas obras llevan paradas desde el 25 de febrero de 2009. Desde la llegada de Meriton, no se ha movido una sola piedra del anhelado coliseo ché y solo el dinero del fondo de inversión americano CVC, negociado por la Liga de Fútbol Profesional, ha llevado a Lim a querer acelerar la construcción de las instalaciones deportivas y a iniciar las conversaciones con el Ayuntamiento de Valencia para conseguir una nueva calificación urbanística. Desde que comenzaran las reuniones con el Consistorio, han emanado discrepancias entre los actores implicados por la idoneidad del nuevo proyecto, el aforo del estadio y la construcción de un polideportivo municipal adyacente, cuyo coste debe asumir el club para obtener las licencias necesarias para retomar las obras. Al margen, el tripartito de izquierdas que gobierna la ciudad ha mostrado en numerosas ocasiones su rechazo a la gestión de Lim. Tanto es así que algunos de sus ediles participaron en la última manifestación contra el gestor singapurense en los aledaños de Mestalla antes del choque contra el Athletic Club de Bilbao. Las relaciones institucionales nunca fueron el fuerte de Meriton desde su llegada al club. Primero con Layhoon Chan, mano derecha de Lim en todos sus negocios y ahora de nuevo como presidenta en una segunda etapa, y después con el controvertido periplo de Anil Murthy, cesado por unos audios comprometedores y quien llegó a poner en tela de juicio la gestión del presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, respecto a la pandemia del covid. 11 de septiembre de 2019 A nivel deportivo, existe un día en el que los valencianistas consideran que se rompió definitivamente un proyecto ganador. Un antes y un después, la inesperada destitución de Marcelino García Toral el 11 de septiembre de 2019, con la temporada recién comenzada y tan solo cuatro meses después de haber conquistado la Copa del Rey frente al Barcelona y haber clasificado por segunda vez consecutiva al equipo a la Champions League. En los 132 partidos que ha disputado el Valencia desde la marcha del técnico asturiano, tan solo ha ganado 39, ha empatado 43 y ha perdido 50. El cese de Marcelino vino secundado por la marcha de Mateu Alemany y Pablo Longoria al frente de la dirección general y la secretaría deportiva. Decisiones a las que la afición sigue buscando sin éxito alguna explicación, sin ver más allá de posibles celos de Lim hacia los tres principales artífices de un proyecto que se encaminaba hacia un futuro esperanzador. No obstante, sacó nuevamente la guillotina para descabezar el banquillo. Algo habitual, pues desde su llegada al feudo valencianista ha triturado a un total de diez entrenadores. «De aquellos polvos, estos lodos», reza el dicho. Prueba de la indignación que se respira en la ciudad, surgieron movimientos sociales de oposición como LibertadVCF, asociación que defiende que «Lim llevará a la muerte al Valencia». Desde su creación, han propuesto numerosas iniciativas para protestar contra el mandatario asiático a través de manifestaciones masivas, con el objetivo de fondo de acelerar un proceso que solo se pueda dar con una hipotética venta de sus acciones. La última crisis Este caldo de cultivo llevó a la afición a manifestarse contra Lim en la última jornada de la pasada temporada, permaneciendo fuera del centenario estadio de Mestalla durante todo el encuentro. Una protesta que se repitió el pasado fin de semana en el choque contra el Athletic Club de Bilbao, donde parte de la hinchada se quedó fuera del estadio los primeros 19 minutos. Imagen que evidenció una nueva división entre los seguidores ché: primar las críticas contra Meriton o respaldar al equipo en un momento de máxima alarma. Este episodio supone la gota que colmó el vaso de una última crisis que arrancó con la dimisión de Gennaro Gattuso como entrenador tras no verse capacitado para revertir la dinámica negativa en la que entró la plantilla tras volver del Mundial, y siguió con la transición infructuosa de Salvador González ‘Voro’, el bombero habitual en este tipo de situaciones críticas, hasta gastar la última bala con la leyenda de Rubén Baraja, quien coge al equipo -sin experiencia en Primera- junto a su amigo Carlos Marchena para tratar de salvar al Valencia de la quema de la Segunda División. Situación que de ocurrir, nada ni nadie puede garantizar que vendría acompañada de la fuga de Lim y no de un escenario económico de causa de disolución. Algo que con Meriton, según expresó el mítico exfutbolista Mario Alberto Kempes, « con esta gente iba a llegar algún día».